25
Tres meses más tarde...
Y no sé cómo comenzar a explicar cómo me siento. "Asustado" quizás no es la palabra correcta, pero es la primera que se me viene a la cabeza.
Hablaba con la tía S. y el tío C. sobre cómo yo estaba optimista sobre el año que viene. Supongo que eso es lo correcto a decir cuando estás a la mesa con siete personas (y personitas) que ríen y son felices y tienen la vida bastante resuelta. O al menos seis de ellas.
En mi caso tengo miedo de lo que vendrá, Dios, tengo miedo hasta de lo que pasará en dos semanas. Tengo miedo de no poderme las cosas: los cursos y las ayudantías que al final sí tomé —pensando en el caso de que lo de Edimburgo se caiga definitivamente—, la forma en que me siento, este cansancio constante, e incluso mi hobby. Sí, hasta eso tengo miedo de no cumplirlo como debería.
Y por supuesto tengo miedo de no poder irme, es lo que más me aterra en este momento. Siento que necesito hacerlo, el cuerpo y la cabeza me lo piden. Necesito sentirme capaz de algo, sentir que tengo algo, que estoy haciendo algo con mi vida que me gusta y me llena, incluso, que tengo algo que otros no tienen porque yo mismo trabajé para ello y me esforcé y esmeré hasta el agotamiento; necesito sentir que me merezco esto y que, por una vez, se me sea entregado aquello que merezco por esfuerzo.
27
"Agotado" puede no ser la palabra adecuada, pero es la primera que se viene a la cabeza.
Hoy dormí catorce horas seguidas después de haber albergado a G., C. y M. durante la noche del viernes y el día sábado. Cuando eran las cinco de la mañana y yo me hallaba muy, muy drogado, me di cuenta de que tengo algo increíble: mis amigos son una familia interesante y acogedora, incluso si no siempre están ahí pululando, incluso si ahora nos vemos poco.
No digo que sea suficiente para dejarme calmado, sigo inquieto, tanto que hoy me tuve que tomar tres pastillas de clonazepam debido a lo disociado que estaba... pero sí es algo hermoso para tener y que deja recuerdos preciosos, que se anidan en mi estómago y en mis músculos, en mis huesos. Porque veía a G. y C. conversar mientras nos volábamos con N. y M., y pensaba: son tan lindos y tan puros, tan hermosos, amo cuando interactúan... veía a G. conversarme sobre su mundo, aún cuando a veces se me iba la onda, y era todo tan fantástico y lleno de ideas frescas, con palabras llenas de amor por lo que hace...
Y no sé qué más decir de este fin de semana. Tengo tanto que decir, tanto que transmitir, pero la universidad me tiene muerto en vida; hasta mi tope de aguante y más arriba. Suspiro.
Y todavía te escribo de la misma forma en que las personas llevan flores a las tumbas.