Wer mit Ungeheuern kämpft, mag zusehn, dass er nicht dabei zum Ungeheuer wird. Und wenn du lange in einen Abgrund blickst, blickt der Abgrund auch in dich hinein.

Montag, 9. November 2020

Un día nos volveremos a encontrar y nosotros, los de entonces, no seremos los mismos. 


Hasta entonces.

Freitag, 6. November 2020

 i really hope you're doing better than i am

Samstag, 31. Oktober 2020

 say something... anything 

Donnerstag, 29. Oktober 2020

 


Dienstag, 27. Oktober 2020

hoy te miraste en el espejo 
y te fuiste triste estabas sola 
y la luz rugía el aire cantaba 
pero tu amado no volvió

hace días intento escribir algo, pero cuando miro la pantalla en blanco, nada sale. generalmente mis escritos fluyen, tanto que a veces se me escapan de las manos... pero ahora mismo no sé qué quiero decir. sólo tengo el sentimiento enraizado en el estómago.

tengo sueño. a pesar de las pastillas nuevas, no estoy durmiendo muy bien. más que antes, sí, pero hoy volví a despertar a las siete de la mañana, comí algo, me distraje en twitter (benditos b., e., m.), dormí un rato más; desperté como zombie a hacer mi ayudantía —me levanté diez minutos antes de que empezara—, volví a dormir, me levanté a corregir ensayos, asistí a mi clase, dormí un rato, seguí corrigiendo cosas... y aquí estoy. 

ayer comí un montón de chatarra celebrando el triunfo del apruebo. todavía me siento mal por haber comido tanto después de haber estado una semana prácticamente no comiendo. y es que n. no estará desde ahora, volvió a trabajar a su pueblo; de nuevo estoy solo, y eso como siempre significa volver a mis viejos hábitos. 

"qué importa, si de todas formas tengo un montón de kilos que perder."

pero estar solo de nuevo es... un poco angustiante. me da cierta libertad que extrañaba, me vuelve autosuficiente, sí, pero también da rienda suelta a un montón de cosas. 

mi habitación está llena de margaritas. corto una del piso, me siento en la cama, comienzo a jugar: "me quiere, no me quiere". me salen acianos de la boca. las paredes son de pronto mirtos enormes, que me esconden y arrullan la desnudez que siento. una falta de ropas que me acongoja, me tortura. 

me siento desnudo frente a un mundo que pide demasiado de mí, que a ratos —o más que eso: gran parte del tiempo— me aterra. y ya no tengo cosas a las que aferrarme. mi esperanza de tener un alma gemela se marchita y cae sobre mí una lluvia de pétalos marchitos, los nomeolvides perdiendo su aroma, cayendo a mis pies, destrozados. 

no digo que esté dejando ir. no digo que no me duela. digo que todo esto parece una pesadilla en la que por fin entiendo que estoy en un laberinto de infintas puertas que no llevan a ningún lado, donde todos los rostros parecen máscaras planas como la palma de una mano. estoy en un lugar donde no debería estar, deslizándome y rindiéndome de a poco, aceptando que nada de esto es lo que quería, que nada de lo que planeé sirvió de algo, que todo en lo que creí tantos años fue una mentira. 

y me da miedo no defendeme ante lo más mínimo, dejarme caer como una golondrina que corta los cielos de saint-germain-des-prés, dejarme caer a las aguas del río sena, poéticamente cortado por el pont-des-arts. 

todo esto para decir que me siento desplomarme ahora que, poco a poco, no me quedan más cosas en las que creer. y con cada trozo de mí que cae, siento como si estuvieran despellejándome, sacándome un pétalo o una escama, o derechamente, arrancándome del tallo. 


—¿Lo creerás, Ariadna? —dijo Teseo—. El minotauro apenas se defendió.

Freitag, 23. Oktober 2020

before our innocence was lost
you were always one of those blessed with lucky sevens
and the voice that made me cry

Donnerstag, 22. Oktober 2020

 So I go about my days now, but I can't seem to pass it off as just a random event.

It consumes me.

I thought I was moving on, but I guess I was just switching off.

 No dejo de soñar contigo 

Dienstag, 20. Oktober 2020

saw the world turning in my sheets

and once again i cannot sleep

Montag, 19. Oktober 2020

Hoy tuve una cita con la psiquiatra que es de las que no te olvidas nunca. No esperaba nada de esto, ni lo que me dijo, ni lo que vino después de cortar la llamada.

 No sé cuántos días llevo durmiendo una o dos horas diarias. Logré dormir veinte minutos hace un rato y ya está.

Me siento un poco extraño volviendo a escribir tanto aquí, pero supongo que es mi espacio seguro estando en esta crisis. Me gusta llamarla un bache, pero es mucho más que eso. 

Entre medio de todo, tuve un pensamiento que se transformó en una especie de fantasía extraña. Nada del otro mundo, pero se trata de esto: estoy soñando despierto, quizás por el cansancio, a volver a estar echados en la cama y mirarte a los ojos sin apartar la vista. Solamente eso. Mirarte como hace años no hago, como alguna vez pude hacer.

Y lo llamo fantasía porque la imagen se ha repetido en mi cabeza todo el día. La última vez que lo hicimos fue el día que llegaste a mi taller por la tarde y en la noche nos recostamos en mi cama. Debí apreciar más un momento tan íntimo, que no iba a repetirse. 

Mientras menos duermo, más repetitivas se hacen las imágenes y los diálogos en mi cabeza. Se podría decir que es el súmmum de la melancolía materializado en las ojeras que traigo.

Pienso en que bajaré a buscar algo y que al volver te encontraré en mi puerta. O que estaré llorando con películas románticas trágicas cómo esta mañana y que tocarás mi puerta para encontrarme con el rostro mojado y mi pijama que me queda grande, rodeado de papel higiénico con lágrimas. 

Le llamo fantasía a todo eso porque claramente es ilógico y estúpido. 

En fin. 

Mirarte a los ojos es probablemente una de las cosas que más me gustaría hacer. ¿Por qué? Anda tú a saber.

Sonntag, 18. Oktober 2020

"Michael persigue a Kimmy. Y tú persigues a Michael. ¿Y quién te persigue a ti? ¡Nadie, ubícate! ¡Jules, él no te quiere!"

De nuevo dormí dos horas. No puedo más con esto.

Estoy cansado. Nunca debería escribir cuando estoy cansado, nada bueno sale de ello.

Pero mientras leía cientos de páginas —a última hora, para corregir las pruebas de mis alumnos— con el estrés quemándome y pesándome en los músculos de los hombros, había un par de pensamientos que no dejaban de avasallarme. 

Entre ellos, una última cavilación antes de dormir: si bien alguna vez, sin saber cómo acabaría todo, me prometiste que me amarías para siempre, una vez que dejaste de hacerlo nunca intentaste simular que me amabas, ni siquiera de una forma fraterna. Y en ese sentido, has sido muy consistente. Y supongo que debería agradecerlo. Gracias. 

Por otro lado, yo he sido consistente en ser el mismo ser obsesivo que he sido siempre, que no puede aceptar que las cosas se acaban y cambian, florecen y se marchitan, te dan calidez o te matan de frío. Porque la vida es así, las relaciones son así. 

Yup. El resto he sido yo, quien, de forma infantil, he seguido dándole a esto como bombo en fiesta y la curiosidad ocasionalmente te ha ganado lo suficiente como para verme la cara una o dos veces al año. 

Lo que quiero decir es que no te culpo por nada y que no tienes obligación alguna de leerme, porque sospecho que a veces lo haces quizás de pura culpa. No una culpa real nacida de ti, sino nacida de mí y mis intentos desesperados por agarrar algo de ti cuando lo que queda es solamente aire. 

Pero, querido. Eres libre. De mi amor, de mí. Solamente quiero que lo tengas claro. Si tengo que hundirme solo, con mis recuerdos y mi cariño y mis cartas sin leer, así será. 

Ser libre de mí, me parece, es algo de los que todos deberían poder gozar. En realidad, uno debiera ser libre de todo lo que no te nace de las vísceras, de todo lo que no se siente tan natural como respirar.

[Y a propósito de libertades, N. no estará en una semana en casa a partir del lunes. No sé qué haré encerrado una semana conmigo mismo y estos sentimientos...]


 

Freitag, 16. Oktober 2020

 my love is a monster, plain and simple


If time is all I have
I'll waste it all on you
Each day I'll turn it back
It's what the broken-hearted do

I'm tired of talking to an empty space
Of silences keeping me awake

Won't you say my name
When the song is over

Donnerstag, 15. Oktober 2020

 me pesa muchísimo el pecho, me duele y no estoy seguro del porqué 

Ah: sea como sea, es bueno saber, aunque no sepa mucho, que alguien ocupa tu corazón.

O al menos eso me digo insistentemente con la esperanza de que sea cierto. 

Hey God, are you listening? It's me, Siegfried

De nuevo son casi las siete de la mañana y me desperté por sexta vez (más o menos) hoy. Afuera está aclarando y cantan los pájaros en un tono reconociblemente primaveral, como siempre me ha gustado.

Pero, en contraste, tengo un hueco en el estómago, la boca seca y algo apretándome el diafragma. En síntesis,  he despertado toda la noche con ganas de vomitar.

Me recuerda un poco a Demian, cuando los monstruos de Sinclair era tan poderosos que lograban hacerlo sudar frío mientras soñaba que Franz se arrodillaba sobre él, torturándolo. 

Pero qué digo - a mí nadie me está torturando literalmente y no hay un Demian que vaya a salvarme de esto.

Solamente estoy yo y su ausencia. Yo y las palabras. Yo y el torbellino en mi cabeza, las voces que no se callan nunca; las que me repiten frases inconexas y a veces oraciones obsesivas.

He's never coming back. He's never coming back. He's never...

Me restriego los ojos y bostezo. Mi hora con la psiquiatra acabará siendo el lunes que viene. Me cae peor cada sesión y mi estómago (y ahora un incipiente dolor de cabeza) me están matando.

Hoy tengo psicóloga y ni muerto seré capaz de decirle todo lo que siento ahora. De todas formas, trata de explicarle algo de cero a alguien en media hora una vez cada dos semanas.

No sé para dónde voy, sólo sé que tengo muchas palabras atoradas en la garganta. Los sentimientos por él flotan como nenúfares en el agua estancada que es mi cabeza.

Sí, estancada es el término correcto.

Y es que, como un ser humano pseudo normal que quiere dejar de sufrir, obviamente quiero avanzar. Pero sufro más cuando no sé nada de su persona, y sigo sufriendo de igual modo ahora. Porque es como una herida que no cierra, algo gravado en mi piel, una verdadera fractura en mis huesos. Dichos huesos, rotos y dislocados ya, llevan su nombre en su médula. Su nombre y sus recuerdos y sus fotos y sus gustos y su voz y su risa burlesca y por qué no su llanto, que tan pocas veces vi. Llevan toda su esencia y lo que comprende, finalmente, esa forma inequívoca de, quizás, querer mandarme a la mierda y no saber cómo hacerlo porque de alguna forma, en el fondo, me estima un poco. Y si eso no habla de su personalidad, nada lo hará.

En fin, toda esa personalidad y todos los buenos y malos ratos, los llevo conmigo a donde sea. En caso tres años, no he logrado nunca dejar de pensar (y francamente decir en voz alta): ah, esto le gustaba a J.; ah, recuerdo que el padre de J...; cuando estaba con J. una vez... 

Lo llevo conmigo a todos lados. -Te- llevo conmigo a todos lados.

It's exhausting. No sé cuántas veces soñé contigo hoy. Solamente recuerdo que estaba continuamente soñando que quizás me escribías. 

Es un chiste que no consigo escribir nada sin referirme a un tú. 

Ahora recuerdo uno de esos sueños, el más largo: dentro de él, en un momento, yo deseaba mucho una casa a la orilla del mar, y pensaba muchísimo en ti. Era bastante como ahora, en el sentido en que no estabas y tu ausencia la sentía clavándose en mi carne insistentemente. 

La casa estaba vacía, tenía techos altos y muchas ventanas. En un momento (no quiero alargarme), sin embargo, descubría que estaba llena de muebles, que el techo tenía (en parte) vigas nuevas, en fin, que estaba un poco remodelada y que dentro había un montón de cosas necesarias para formar un hogar.

Si mal no recuerdo, me enteraba de lo siguiente por una carta: no te dejarías ver por mí m, no te acercarías a mí. Pero construiríamos una casa para ambos donde alguna vez nos volveríamos a encontrar.

Al intentar volver a mi propia casa, encontraba un camino de objetos, más bien una especie de ruma por la que tenía que trepar. Desde un televisor pequeño (como el que teníamos cuando llegaste a Santiago) hasta cientos de ositos de peluche, todo dejado por ti y que ahora yo tenía que trepar, pero siempre con el sentimiento de que lo dejabas para mí, de que la casa y los muebles y...

Yo no sé interpretar sueños. Déjale eso a F.; pero me quedo con el sentimiento de esperanza y confort que sentí por un vago instante antes de despertar aturdido, perdido y sobre todo triste.  

Ah, el título es como ese libro pésimo. Pero a medio escribir me di cuenta de que creo que no era así el nombre. 

Como una seguidilla de errores, sigo creyendo cosas que no son. 

 Ok but can you believe that I have this new friend I met a few months ago - and the first day I told her about you

When I got drunk as fuck the other day she was trying to make me realize you were trying to make me understand you wanted me to let you go already 

And now she's trying to make me feel better about your existence again

This sucks.





"The morning you marry your true love, I will have an ex-boyfriend laughing somewhere because I told him that he was crazy to be jealous of you; but it was always you. It was you before I moved in with him and it was you after I left. It is not still you, but sometimes I do wake up with a pit in my stomach that I call by your name.

The morning you marry your true love, I will be on the phone with a man I have never met, wailing like an unruly child until the sound of my sobs drown out anything comforting he could hope to say.

The morning you marry your true love, I will ball my hands into fists and sink like a worm into the bottom of a bottle of fine silver tequila.

The morning you marry your true love, at least three people will say to me: “I thought you’d let this go already.” I will try to explain that leaving you is something I am still trying to process. I will try to explain that letting go comes in waves. I will try to explain that even when we didn’t appreciate each other anymore, you still felt like my other half. Sometimes you still feel like my other half.

The morning you marry your true love, everything will taste like quiet panic. Like being startled by house-sounds in the dark. Like walking up to the wrong person in public. I will keep trying to picture your hand with someone else’s ring on it.

The morning you marry your true love, I will try to muster up some kind of faith. I will hope that you are making the right choices. I really hope that you are making the right choices. I know I can’t weigh in on them anymore."

Dienstag, 13. Oktober 2020








 

Me pregunto por qué estoy durmiendo tan mal. Y también me pregunto por qué mi primer instinto al despertar a las seis de la mañana entre de una pésima noche de sueño, es revisar si me escribes.

Una esperanza estúpida, claro. 

Obviemos los días de quedarse hasta tarde bebiendo y la borrachera de ayer y vomitar en baño y en el lavamanos e intentar lavarse los dientes sin seguir botando la poca agua que tenía en el estómago. Dormir "anclado" porque el mundo se me movió tanto que al día siguiente a las una de la tarde seguía borracho.

Debería estar durmiendo. 

Pero ahora solamente pienso, muy reticentemente, casi a las siete de la mañana cuando debería estar durmiendo, en las cosas que me decían cuando estaba lo suficientemente borracho para que todo oscilara pero minutos antes de ir tambaleándome al baño a deshacerme del alcohol que intoxicaba mi sistema.

Recuerdo sólo una cosa o dos. Una, que N. me abrazaba diciéndome que estaba bien, que no era patético lo que yo sentía, que era comprensible... corte negro... porque habíamos pasado tanto juntos, tú y yo contra el mundo... negro... que mis sentimientos estaban bien (de nuevo) y que jamás se reiría de ellos ni me creería humillado.

Dos, sólo un par de frases de W.: si te hizo saber eso de alguna forma, es porque claramente está diciéndote "no me busques a mí", "aquí no es".

Y estuve pensando todo este largo, muy largo, letárgico y resacoso día, en ese "aquí no es".

¿No es ahí? ¿No es contigo donde se supone que pertenezco, porque pertenecería siempre?

Yo sé que no debería referirme a eso, a esa palabra, "siempre", porque hay demasiado que objetar en ella.

Pero incluso después de la borrachera queda en mí un atisbo de esperanza de que todo sea mentira, que ellas no entiendan la situación.

Pero claro que lo hacen. Claro que para ellas es obvio y lo ven desde no tan lejos. Claro que pueden interpretar cosas mejor que yo y entender, como a mí me cuesta tanto (lo siento), que "ahí no es".

Eso es lo que recuerdo y lo que esperaba sacar en limpio. Que probablemente estoy entendiendo todo pésimo (mierda puta acaba de amanecer afuera) y que el mensaje está clarísimo, sólo que yo me niego a ver.

¿Por qué mi primer impulso fue ver si me habías escrito, como todos estos días y noches? Porque saber que soy un desastre que está en el piso y no entiende nada no significa que dejo de sentir todo esto.

No sé si tiene sentido. Son las siete-cero-seis de la mañana y debería tratar (infructuosamente) de seguir durmiendo.

Suspiro. 

Montag, 12. Oktober 2020

 Esta resaca no tiene nombre, pero entre la negación y el vómito espero haber sacado algo en limpio que pueda recordar cuando no me duela tanto la cabeza. 

 Espero que seas feliz

 Can't believe I'm this drunk over missing you again 

Sonntag, 11. Oktober 2020


 

Samstag, 10. Oktober 2020

 In pitch dark

I go walking in your landscape

Broken branches
Trip me as I speak
Just 'cause you feel it
Doesn't mean it's there
Just 'cause you feel it
Doesn't mean it's there
There's always a siren
Singing you to shipwreck
(Don't reach out, don't reach out
Don't reach out, don't reach out)

Steer away from these rocks
We'd be a walking disaster
(Don't reach out, don't reach out
Don't reach out, don't reach out)
Just 'cause you feel it
Doesn't mean it's there

(Someone on your shoulder
Someone on your shoulder)
Just 'cause you feel it
Doesn't mean it's there
(Someone on your shoulder
Someone on your shoulder)
There there
Why so green and lonely?
And lonely, and lonely?
Heaven sent you to me
To me, to me?
We are accidents waiting
Waiting to happen
We are accidents waiting
Waiting to happen

 Now that I'm sober, I think 

I should be happy for you

So yeah 

Enjoy 

Freitag, 9. Oktober 2020

 Teni Olor a humo 

A humo? 

J. Tenía olor a humo cuando llegaba de Chillan...

Tay bien?

Sí estoy bien

Se nota

Donnerstag, 8. Oktober 2020

 Ahora mismo no dejo de pensar...

—Nunca imaginé así mi adultez. Curándome y drogándome un jueves.

—Yo tampoco me imaginaba así a los 26. 

Ahora mismo no dejo de pensar en una sola idea, obsesivamente. Todo lo demás se calló de golpe en mi cabeza, sorprendentemente.

Dime, ¿qué tipos de persona seremos el uno para el otro en el futuro? ¿Cuando te enteres de mi muerte, viajarás  a otro país para asistir a mi funeral? ¿Asistirías como un conocido más, como alguien que se desmarcó completamente después de un corto periodo de tiempo... quizás como suelen hacer las personas normales, digamos? 

¿O romperías vasos y libros y paredes, te romperías los nudillos de nuevo contra la pared?

¿Vas a recordar mi nombre para entonces?

¿Quizás ni siquiera viajarías? 

O quizás te enterarás un mes o un año después de sucedido.

Tal vez nos vamos tan lejos de nuestras raíces que te morirías sin escuchar de ello. 

Es como que empiezo a aceptar, tan rápido como el alcohol sigue entrando a mi cuerpo, que si no nos topamos nunca es porque probablemente ninguno pisará de vuelta este suelo y sin el denominador común las probabilidades ya no existen. 

Tengo que acostumbrarme a la idea de que cuando muera no será como esa vez en que casi-morí; no será un espectáculo o algo impactante, porque al menos de suicidio dudo que sea. (No sé por qué estoy escribiendo esta acotación, pero la dejaré porque me costó demasiado escribirla) Probablemente nadie pensaría en contactarte para avisarte.

Pero después sigue: ¿por qué deberías saber? O más bien, ¿te interesaría?

Realmente es patético que esté escribiendo en este estado. Aún articulo escribiendo, pero camino bastante chistoso.

En el fondo, creo todavía que te importo y que simplemente no lo quieres demostrar. No es que realmente lo crea, que tenga ganas de creer, no, algo en el fondo de mí lo cree. Entonces una parte de mí se ha dedicado a creer que existe algún tipo de conexión entre nosotros.

Pero mientras más miro lo que escribí más idiota me siento, o medio psicópata, no sé. 

Tipo, por favor supera a tu ex. 

Creo también que me estoy dando cuenta de que lo que sea que tengo es más serio de lo que supongo, que no la saqué tan barata como creía. 

Dime... ¿No es normal pensar todavía en esto, verdad? 

Cuéntame. Tú ya lo superaste, porque eres normal, pero por pena a veces me leías (suficiente, ya no), quizás por curiosidad. Y en cambio, lo que yo hago, es de obsesivo, compulsivo, o quizás llanamente de limítrofe.

Jamás jugaría la carta de la persona enferma y edgy. Odiaría ser algo siquiera similar. Pero, ¿sabes? A propósito de los miedos, estoy con un miedo importante a estar realmente enfermo, a llegar a desarrollar en los próximos años un brote sicótico importante o algo por el estilo. No se lo he dicho a nadie, pero estoy aterrado. No quiero que nadie piense que soy débil o hipocondriaco o fatalista... Fin. No quiero que ni mis más cercanos sepan porque no quiero que se hagan ideas de mí.  

Y parte de ese miedo es, ahora mismo, en este segundo, pensar que quizás se me ha pasado mucho más que la mano en cuanto a lo que tu existencia respuesta, que de verdad me imaginé cosas, que no debí creer en las palabras de un niñato de 14 años, de 16, ni siquiera de 20, y cómo culparte, J., si eras un niño, éramos unos niños, claro que no sabías lo que decías. 

(También se me está pasando la mano con el Gin) 

Porque significaría que estoy enfermo de verdad. No siendo solamente un nudo de síntomas físicos, no, tal vez es mucho más que eso. 

Así que me drogo y me tomo tres, cuatro, cinco vasos de Gin.

No quiero pensar en nada de esto. Ni siquiera es que no quiera pensar en ti, es que el pensar en ti quizás es parte de mis diagnósticos.

Me da tanto miedo que creas eso. 

Me da tanto miedo que ya no me quieras.

Me da tanto miedo que yo te de miedo. 

Sí, porque quizás soy de esos psicópatas-obsesivos que dan una vibra peor que creepy. 

Porque no puede ser normal seguir pensando en que éramos almas gemelas y todo ese lío de niños cuando tengo 24 años. 

Dios.

Dios, Dios, Dios. 

...

A ver si logro hablar más con un par de vasos más. 

Mittwoch, 7. Oktober 2020

La profesora S. no se da cuenta de cómo me hizo colapsar la investigación. Trabajé tantas horas seguidas, durante tantos días que, hasta donde sé, me descompensé.

A veces me pasa, no es secreto de Estado, algunos lo saben. Cuando estoy muy cansado de noche, oigo voces, antes de dormir. Extremadamente cansado, he escuchado voces de día. El punto es que nunca he sentido que son reales, ni mucho menos que me transmiten mensajes.

Distinto es cuando estoy en el borde de la alerta y el sueño, en la brecha de la realidad y la ficción, y comienzo a tener "fenómenos perceptivos", como los llamaba el Dr. L., forma mucho más amigable que la forma que tiene mi psicóloga nueva, B., de llamarlos: "fenómenos micropsicóticos". 

Ayer, en el periodo de una hora, escuché que tocaban la puerta del departamento insistentemente. Que alguien se sentaba en mi cama, a los pies. También, que N. —que no está en Santiago— estaba de pie al lado de la cama, hablándome. Y no era capaz de despertar, por mucho que luchara, por mucho que estaba convencido de que me levantaba de la cama y me iba a la ducha. 

Y esta mañana pensé, por un largo momento, que estabas recostado tras de mí, abrazándome, y que estirabas la mano para molestar al gato, que dormía junto a nosotros. Te decía que la dejaras tranquila, por favor. Y reconocía los lunares en tus brazos y sabía perfectamente que eras tú. 

Hasta que me di cuenta de que no podía ser y volví a la realidad. 

Ya pedí un sobrecupo para que la psiquiatra me atienda el lunes. 

Montag, 5. Oktober 2020

Hear me love, I'm breaking

Hear me love, I'm breaking
Like I'm in love, hmm
Can you hear me? Hmm hmm
Summer calls, 
Most by so slowly

Incluso ahora...

N. me abrazaba con fuerza y mi vista estaba taciturna, perdida. Dentro de mí muchas flores se marchitaron, yo diría que arbustos completos. Me senté ahí, intentando procesar las malas noticias, solamente para encontrarme de frente con un muro de concreto, mis emociones lo inundaban todo como un aluvión; hasta el charco más pequeño se convirtió en un océano, las casitas de muñecas se anegaron por completo; murieron un montón de esperanzas. Y solamente podía enfrentarme a ello, no a la lógica, no a mi hemisferio izquierdo. 

Y aún después de casi una semana, incluso ahora...

Esa mañana soñé incesantemente contigo. Debí saber que se avecinaban malas nuevas. No sé porqué, pero me dio esa impresión cuando desperté y vi el correo en mi bandeja de entrada. Tal vez porque se trataban de dos sueños rotos, hechos añicos; dos vidas que pude tener y que se me arrebataron de las manos. 

Porque aún con tanta flor marchita, algo dentro de mí, una parte traicionera, se encargó todos estos años de regar aquellos pétalos azules y tallos en ramillete; inconfundiblemente Nomeolvides, o Myosotis en su nombre científico. El símbolo del amante eterno, del amor desesperado.

Porque qué podría ser esto sino un amor desesperado. Y no me refiero al amor que solamente sirvió para separarnos, me refiero a ese sentimiento que echó raíces desde el primer día, la primera conversación, el primer mensaje. El rizoma que se metió en mis vísceras e hizo metástasis en mis pulmones, en mi corazón, en todos mis órganos; la planta que cuidé tanto y que ahora, como una enredadera, aún cuando quiero dejar morir, sigue trepando por mi piel. 

Todo eso para decir que, incluso ahora, incluso cuando me has abandonado tantas veces, incluso cuando has vuelto sólo para volver a alejarte de mí; incluso ahora, incluso en ese entonces, solamente pensaba en ti y en lo mucho que necesitaba un abrazo tuyo, unas palabras que me aseguraran que todo estaría bien.

Y no quise escribir esto en todos estos días porque sabía que, de hacerlo, de escribirte esta carta, por fin lloraría. Dicho y hecho, lloro ahora que N. no está, en el comedor, cuando debería estar trabajando intensamente. Lloro porque sé que como las cosas que se comen, digo las cosas que se dicen, voy a los sitios donde se va, y sé muy bien que no te encontraré en ningún lugar, en ninguna palabra, en ninguna de mis hambres. 

Cerré el computador esta mañana porque no fui capaz de hacerle frente a la clase. Me dormí. Desperté cinco minutos antes de la clase siguiente y no pude prestarle atención en absoluto. Sentía rechazo constantemente frente a cada ejemplo, frente al discurso del profesor. Porque esto no es lo que quería, porque lo que quería está hecho añicos.

Y no digo que logro imaginar todos estos proyectos contigo, que logro visualizar en mi cabeza cómo habría sido todo esto si estuvieras. Soy incapaz de cavilar cómo se habrían desarrollado estos años si no hubiésemos roto, porque todo cambió tanto que es irreal. Pero lo que sí sé es que, de nuevo, incluso ahora, cuando siento tanto miedo y desesperanza, cuando me siento tan roto, estresado, agobiado, angustiado... aún eres la única persona que podría calmarme.

Independiente de cuánto N. y F. y W. estén ahí para mí, independiente de cómo N. me sujeta en sus brazos, me mece y me besa el pelo, tu fantasma siempre está rondando, intento abrazarlo y se me escapa de las manos; sueño tanto contigo, aguanto las lágrimas escribiendo, me falta algo dentro. Me aferro a las cosas que escribiste hace años, cuando aún pensabas en mí y me escribías alguna frase corta en tu blog, no puedo evitar leer y releer como si aún estuviera en tu cabeza. No puedo evitar buscarte en la calle donde tu rostro es todos los rostros y tu porte es todas las alturas, donde tus pies son todos los escalones del metro, donde cada metro cuadrado es el espacio donde no estás. 

Y los Nomeolvides siguen ahí, tan vivos como siempre, con alguna que otro ramillete enfermo, pero resistiendo a todo, siempre perenne. Los naranjos de Campus Oriente que alguna vez nos cobijaron y nos cuidaron del sol están tan llenos de frutas como en una pintura de Botticelli, se erigen alrededor de mí y me atrapan, las paredes se vuelven árboles de un bosque donde aún te busco. Y como Max, corro entre la hierba hasta encontrar un bote, uno que me lleve a donde viven los monstruos, donde pueda escapar de todo esto y quizás lograr extrañar un poco más mi vida y menos a ti. 

Pero no encuentro nada más que esta pared de concreto frente a mí que me impide ver soluciones. Me encuentro con un sentimiento tan familiar que asusta. Porque pude sentir mucho dolor en estos dos años, pero la desesperanza real solamente la sentí esa vez en que me encontraste convulsionando en mi cama y me mecías mientras esperabas el coche que podía salvarme la vida. Y no estoy ahí, no, pero puedo tocar esa agua terrible con la punta del pie y me aterra.

Y cuando me siento así de aterrado, te busco.

Y cuando me siento así de aterrado y no te encuentro, me dan ganas de ir a la cocina y romper todos los vasos, todos los platos, me dan ganas de rajar mis cuadros como Salvador al saberse despojado de Federico. Me dan ganas de llorar a gritos, aquí, en el salón de mi casa; no importa si los vecinos me escuchan, no importaría nada porque no estás, no estás, no estás cuando te necesito.

Y solamente pienso en Nomeolvides; No-me-olvides, por favor, no me olvides. 

No olvides que estoy aquí, esperando que me leas, que veas lo que hay detrás de este cañaveral de palabras y lágrimas contenidas. No olvides que aún busco tus brazos incansablemente, como se busca un cuerpo perdido; que todavía te escribo así como las personas llevan flores a las tumbas. No me olvides, a mí y a mis metáforas y mis perras negras, artilugios de escriba que te recordaban tanto a Cortázar, ese escritor que no lograba gustarte del todo, no, tú preferías a Hemingway.

Nunca me gustó Hemingway. Y no sé porqué la idea me llena los ojos de lágrimas.

Respiro profundo.

No te olvides de mí. Por favor léeme. Porque esta pequeña esperanza de que aún eres mi alma gemela, de que un hilo rojo tira de nuestros dedos, es lo único que me queda y es la única certeza que tengo en este momento, a las 16:59 del cinco de octubre de 2020. 

Sonntag, 4. Oktober 2020

Estoy... devastado...

 ...

Ni siquiera sé qué decir.

Montag, 28. September 2020

Pictures of you

I've been looking so long at these pictures of you
That I almost believe that they're real 
I've been living so long with my pictures of you
That I almost believe that the pictures 
Are all I can feel

Remembering you standing quiet in the rain 
As I ran to your heart to be near 
And we kissed as the sky fell in
Holding you close 
How I always held close in your fear

Remembering you running soft through the night 
You were bigger and brighter and wider than snow
And screamed at the make-believe 
Screamed at the sky
And you finally found all your courage 
To let it all go

Remembering you fallen into my arms 
Crying for the death of your heart 
You were stone white
So delicate 
Lost in the cold 
You were always so lost in the dark
Remembering you how you used to be 
Slow drowned 
You were angels
So much more than everything 
Hold for the last time then slip away quietly 
Open my eyes 
But I never see anything

If only I'd thought of the right words 
I could have held on to your heart 
If only I'd thought of the right words
I wouldn't be breaking apart 
All my pictures of you

Looking so long at these pictures of you 
But I never hold on to your heart 
Looking so long for the words to be true
But always just breaking apart
My pictures of you

There was nothing in the world
That I ever wanted more 
Than to feel you deep in my heart
There was nothing in the world 
That I ever wanted more
Than to never feel the breaking apart
All my pictures of you

Sonntag, 27. September 2020

You're not a stranger if you're always on my mind

25 & 26 & 27

25

Tres meses más tarde...

Y no sé cómo comenzar a explicar cómo me siento. "Asustado" quizás no es la palabra correcta, pero es la primera que se me viene a la cabeza.

Hablaba con la tía S. y el tío C. sobre cómo yo estaba optimista sobre el año que viene. Supongo que eso es lo correcto a decir cuando estás a la mesa con siete personas (y personitas) que ríen y son felices y tienen la vida bastante resuelta. O al menos seis de ellas. 

En mi caso tengo miedo de lo que vendrá, Dios, tengo miedo hasta de lo que pasará en dos semanas. Tengo miedo de no poderme las cosas: los cursos y las ayudantías que al final sí tomé —pensando en el caso de que lo de Edimburgo se caiga definitivamente—, la forma en que me siento, este cansancio constante, e incluso mi hobby. Sí, hasta eso tengo miedo de no cumplirlo como debería. 

Y por supuesto tengo miedo de no poder irme, es lo que más me aterra en este momento. Siento que necesito hacerlo, el cuerpo y la cabeza me lo piden. Necesito sentirme capaz de algo, sentir que tengo algo, que estoy haciendo algo con mi vida que me gusta y me llena, incluso, que tengo algo que otros no tienen porque yo mismo trabajé para ello y me esforcé y esmeré hasta el agotamiento; necesito sentir que me merezco esto y que, por una vez, se me sea entregado aquello que merezco por esfuerzo.

27

"Agotado" puede no ser la palabra adecuada, pero es la primera que se viene a la cabeza.

Hoy dormí catorce horas seguidas después de haber albergado a G., C. y M. durante la noche del viernes y el día sábado. Cuando eran las cinco de la mañana y yo me hallaba muy, muy drogado, me di cuenta de que tengo algo increíble: mis amigos son una familia interesante y acogedora, incluso si no siempre están ahí pululando, incluso si ahora nos vemos poco. 

No digo que sea suficiente para dejarme calmado, sigo inquieto, tanto que hoy me tuve que tomar tres pastillas de clonazepam debido a lo disociado que estaba... pero sí es algo hermoso para tener y que deja recuerdos preciosos, que se anidan en mi estómago y en mis músculos, en mis huesos. Porque veía a G. y C. conversar mientras nos volábamos con N. y M., y pensaba: son tan lindos y tan puros, tan hermosos, amo cuando interactúan... veía a G. conversarme sobre su mundo, aún cuando a veces se me iba la onda, y era todo tan fantástico y lleno de ideas frescas, con palabras llenas de amor por lo que hace...

Y no sé qué más decir de este fin de semana. Tengo tanto que decir, tanto que transmitir, pero la universidad me tiene muerto en vida; hasta mi tope de aguante y más arriba. Suspiro. 

Y todavía te escribo de la misma forma en que las personas llevan flores a las tumbas. 

Donnerstag, 9. Juli 2020

"Does it ever stop hurting?"

"No, you just make room for it."

Montag, 22. Juni 2020

22.06.2020

Leía lo que escribí hace un par de meses, cuando no imaginaba cómo iban a desenvolverse las cosas, pero tenía razón con un par.

Uno, que Edimburgo iba a caerse, que me habían sucedido demasiadas cosas buenas en el 2019 y que el 2020 tenía que ser un porrazo.

Dos, que no sacaría nada bueno de tu ausencia.

Hace unos días me enteré de que a R. le cancelaron dos cursos el próximo semestre y que, por ende, yo no tendré más que una sola ayudantía (si es que me la da) el 2020-2. Lo cual es, a lo menos, preocupante; porque significa que no tendría cómo autosustentarme el segundo semestre.

Por otro lado, no quiero volver a Publicidad, pero la psiquiatra nueva —hasta me tuvieron que cambiar a mi estimado psiquiatra, porque así ha sido este año mierdero— "no me ve tan mal" como para hacerme un certificado y eximirme así del segundo semestre, mientras arreglo las cosas.

Así que todo se ve cuesta arriba.

Súmale que oscilé y estoy en el episodio depresivo más largo que puedo recordar desde que tuve mi famosa sobredosis en 2018.

No es que vaya a intentarlo de nuevo, Dios sabe que prefiero caer en desgracia que despertar de nuevo en un hospital helado conectado a máquinas congeladas. Pero no poder salir de la cama, arrastrarse por la casa; sentir que estar de pie en la cocina es un esfuerzo tremendo... es una real mierda.

Así que sí, las cosas se ven cuesta arriba. 

Rápidamente —porque N. dice que lo mío es resolver—, dictaminé que debo dedicarme a trabajar en acuarelas y en conseguir ayudantías para el próximo semestre, con el fin de ahorrar algo más de dinero y subsistir. Debo conseguir que la psiquiatra me dé un certificado y salvar por al menos un semestre más.

[Me puse a revisar mi cuenta del banco y perdí el hilo.]

Así que tengo un plan, pero no deja de doler viendo cómo todo se desmoronó una cosa tras otra, como un castillo de naipes. Tengo pena y ese ardor no me deja dormir. Me pesa el pecho pensando en que todo esto está fuera de mi control, pero aún así me siento culpable.

¿Habría sido todo menos doloroso si no hubiera aceptado verte? Probablemente. 

No sé porqué sigo escribiendo las cosas dirigidas a un "tú" que ya no me lee. Al menos perdí la costumbre de navegar la internet buscando atisbos de tu presencia —lo hice hoy como una gran cosa—, pero sigo mirando tu número en mi teléfono sin decidirme a decirte nada. Porque lo hiciste otra vez y me siento realmente, profundamente estúpido por haber caído por Dios-sabe-cuál vez. Dejaste de hablarme de un día para otro, me diste un abrazo para no volver a contactarme más.

Pero, ¿sabes? Nunca había estado tan seguro de que, lo que sea que había ahí, está inevitablemente, irremediablemente perdido. 

Diré las palabras que se dicen, y comeré las cosas que se comen, y soñaré las cosas que se sueñan, y sé muy bien que no estarás. 

Y debería borrar tu número, porque este no me lo sé. Pero no sé porqué no consigo hacerlo. Me digo que es por los cuadernos que necesito recuperar de tu casa, por si llegara a salir lo de Edimburgo, pero no sé si es suficiente como para sufrir escribiendo mensajes que no te mando, viendo tu foto de perfil como estúpido. Ahora pienso que, de necesitar los cuadernos, podría escribirte una carta o algo así. Eso me da sólo más razones para borrar el número. Pero no sé si esto último realmente solucionaría algo. 

A estas alturas creo que la razón que tuviste para juntarte conmigo no fue pedirme disculpas, sino llevarme la contraria porque dije que no te vería nunca más.

Con todo esto de la pandemia —es loquísimo estar viviendo esto, cada día más loco—, pienso que definitivamente no nos volveremos a ver, sobre todo ahora que conseguiste probar que estaba equivocado una vez.

Así como van las cosas, es probable que uno de los dos se enferme. No creo morir de esto, es más probable que me muera de un Hyundai Accent por no mirar a ambos lados antes de cruzar la calle, como hago a veces sin querer. El punto es que es más probable que nos enfermemos antes de que volvamos a toparnos.

Me dijiste que no aparecerías un día en mi puerta diciendo que escapáramos, que ya no tenías esa mentalidad que solías tener de más joven. Y te creo. Y en una parte lógica de mí, te lo agradezco. Otra parte se muere por dentro y quiere patalear de rabia.

Pero supongo que, después de todo lo dicho y hecho, obtuve lo que quería. Hablé contigo algunas noches, incluso si estaban llenas de silencios. Estuve sentado a tu lado, incluso si no había motivos de por medio. Despedí a la mascota que alguna vez fue nuestra hija, aún cuando actuaste hasta cierto punto como si no me lo mereciera ese día. Y te di un abrazo, medio sabiendo que no iba a hacerlo nunca más.

Siempre me quedó ese gusto de que uno nunca sabe cuándo el último beso, el último abrazo, será justamente el último. Yo sabía, aunque no quería aceptarlo, que ese era el último. 

Te abracé fuerte y supe que todo estaba perdido.

Todo está perdido, realmente. Y no me queda nada más que botar todo a la basura y nunca más tratar de reconstruir nada. Sólo queda construir de cero, con material nuevo y las manos desnudas, por mucho que cueste. Porque sigo peleándole a la vida, y seguiré haciéndolo... una vez que logre salir de la cama.

Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo.

Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo.

Mittwoch, 10. Juni 2020

10/June

If you read this...

I'm dying to call you.

Freitag, 5. Juni 2020

Donnerstag, 4. Juni 2020

I miss you so much it's unreal and I feel like crying

estás en todas mis historias, en todos los personajes. estás en mis sentimientos y en mi memoria y no entiendo nada, y para variar se siente como estar en el piso y tener las manos vacías, un abrazo vacío en donde tú faltas...

estás en A. y en S. y nunca te vas, siempre estás ahí, acechando... siempre la esperanza y la historia y el hilo rojo y...

Y si lees, porque no puedo tolerar que no leas la carta aunque sólo sea para interrumpirla con un gesto de hastío, si la lees hasta aquí, hasta esta palabra aquí que se aferra a tus ojos, que busca guardar tu mirada en lo que sigue, si la lees, J., qué puede importarte lo que quiero decirte, no ya que te amo porque eso lo sabes desde siempre y te da igual y no es noticia, realmente no es noticia para ti allá donde estés amando a otro...

Dienstag, 2. Juni 2020

"I know I always said that I would never hurt you. Well this is the very very last time I'm ever going to."

Freitag, 15. Mai 2020

"Siempre dejai la cagá cuando te vai"

Dienstag, 5. Mai 2020

1994

–¿Así que eso es todo? ¿De un momento a otro cambiar los horarios de sus clases, no dejar verse por el kiosko o cualquier área común, esconderse en su oficina como una... como una cucaracha? ¿Eso es todo? —dijo, la mano hecha un puño bajo su mentón, la otra del mismo modo, pero bajo la mesa.

A su lado, una taza de té en bolsa que la Xime —chica del kiosko— generosamente había endulzado con edulcorante y unas cáscaras de naranja.

Camilo solamente lo miró, botando el humo de su cigarrillo.

—Me da rabia —concluyó, pensando que tal vez había hablado demasiado.

—No es la primera vez que lo hace, cielo —replicó el castaño, las hebras onduladas casi llegándole a los hombros. Emil no lo miraba a él, miraba al lunar en su mejilla que tanto le gustaba observar—. ¿No deberías estar acostumbrado?

—Sé que dije que estaría bien si lo volvía a hacer, si volvía a llamarme y luego desaparecía. Y sin embargo aquí estoy, y estoy seguro de que, por su parte, debe estar haciendo su vida como de costumbre, sin remordimiento alguno por estar jugando conmigo y mis sentimientos.

No me malinterpretes, no estoy enamorado de él. No quiero algo con él, insisto. Pero me sigue dando rabia que juegue conmigo de esta forma —explicó, mientras acercaba la bolsa con tabaco a su lugar y procedía a armar un cigarro con un papelillo amarillento—. ¿Y sabes? Podría ir y tocarle la puerta, podría llamarlo y decirle que es un imbécil. Pero ni se inmutaría. Me haría quedar a mí como el ex novio loco, como quien se toma las cosas muy a pecho. Tiene el poder de dar vuelta todo. Eso es lo que me da rabia.

Armó y encendió el cigarrillo con lentitud, pero con las manos temblorosas.

—¿Y qué vas a hacer ahora? —Camilo tenía la vista en otro lugar. Las personas pasaban por el lado de ambos, a esta hora ya yéndose a sus casas. El cielo estaba bastante oscuro y los guardias estaban en proceso de encender las luces de los pasillos.

—Mandarlo a la mierda en silencio, supongo. Hacer todo lo contrario de lo que quiero hacer. No llamarlo, ni hablarle si nos topamos, no frecuentar ningún sitio que él visite. It's easier said than done —confesó al final, con la mala costumbre que había agarrado de mezclar el inglés con el español—, pero no tengo otra opción. Estoy harto de quedar como el overly-attached ex boyfriend.

—No puedo decirte qué hacer. Tú ya sabes cuál es mi opinión al respecto de esto, lindo. Fue divertido en un principio, pero ahora solamente es triste. Y no se po', hueona... Ya va siendo hora de que cortís el hueveo.

Emil dejó salir un largo y sonoro suspiro de frustración.

Sonntag, 12. April 2020

1995 — la petaquita

Así, en el frío de las diez de la noche, con Andrés masajeándole las manos a pito de nada, se podía estar bastante a gusto. Más allá de los pies congelados, de estar un poco drogado con una benzodiacepina, de estar ansioso y con un nudo en el estómago; por un breve momento, se podía estar tranquilo. Un montón de cosas lo tenían agitado, un montón de pensamientos catastróficos lo invadían y de pronto se sentía abandonado de nuevo y fracasando en todo. 

Pero Andrés cantaba canciones de Violeta Parra y le acariciaba la palma de la mano. Eso era todo por el día. 

"Tengo una petaquita,
para ir guardando
las penas y pesares
que estoy pasando.

Pero algún día,
pero algún día,
abro la petaquita
y la hallo vacía."

1995 — past life

[x]

No se lo diría nunca, que su nombre me llegaba como los perfumes que atraen y repelen a la vez, como la tentación de acariciar el lomo de una ranita dorada sabiendo que el dedo va a tocar la esencia misma de la viscosidad. Cómo decirlo a nadie si tú mismo no podrías saber que la mención de tu nombre, el paso de tu imagen en cualquier recuerdo ajeno me desnuda y me vulnera, me tira en mí mismo con ese impudor total que ningún espejo, ningún acto amoroso, ninguna reflexión despiadada pueden dar con tanto encono; que a mi manera te quiero y que ese cariño te condena porque te vuelve mi denunciador, el que por quererme y ser querido me despoja y me desnuda y me hace verme como soy.



Lo que pasaba por su cabeza no se lo diría nunca. No era capaz de decírselo a nadie. 

Se acomodó un mechón de cabello de forma inútil, pues el viento volvería a desordenar las hebras rubias casi al mismo tiempo en que él intentaba ponerlas en su lugar. Oscurecía, las nubes comenzaban a ocultarlos en las sombras mientras el aire soplaba con fuerza y le helaba el rostro. Siegfried se abrazó un poco más a sus piernas, con el mentón apoyado en los brazos y las rodillas contra el pecho. 

Tenía los zapatos con arena y los oídos llenos de mar. Cerró los ojos por varios segundos y apretó los labios. Al abrirlos, el paisaje grisáceo estaba teñido de azul y violeta, ahora que el sol se había escondido y quedaban unos pocos minutos para la caída de la noche. 

Giró su cara sin despegarla de sus brazos, mirándolo con la nariz enrojecida y las mejillas encendidas. —¿Sigues juzgándome? —preguntó. 

—Mira, yo no soy quién para juzgarte —contestó Andrés, sonriéndole lúdicamente—. Dios sabe que no soy quién para juzgarte por hablar con tu ex.

Sonntag, 22. März 2020

¿A qué edad me daré cuenta de si prefiero a alguien que me llene de luz, o a alguien que conozca el camino en la oscuridad?

Mittwoch, 18. März 2020

1995

[x]

Estar en un café pituco después de tanto tiempo se sentía, a lo menos, surreal. No estaba en un lugar particularmente caro hacía años, con las contadas excepciones en que había aceptado que Max lo invitara a comer —como el día de la licenciatura de él, y después, la propia—. Y esto era radicalmente distinto... o, bueno, no tanto.

Vamos por partes: efectivamente todo se sentía extraño. Pero no era tan extraño estar donde estaba, considerando que... 

Pensaba confusamente. Apretó la taza entre sus manos y aquello se sentía tan, tan familiar, que llegaba a molestarle un poco. Sin querer frunció la nariz. Le había pasado lo mismo la última vez, cuando —surrealmente, porque todavía le parecía parte de un sueño— él y el hombre que tenía en frente, habían compartido una taza de té en la cocina del rubio.

— ¿Qué es lo que quieres decir? —escuchó, y quiso cachetearse la frente con la mano. Se lo preguntaba por su gesto. No es que quisiera decir algo: todas las palabras estaban atrapadas en su cerebro, que no entendía qué estaba sucediendo. Más bien, había un montón de cosas que no quería decir, como por ejemplo, que sabía que había una razón por la que no quería esto, pero ahora mismo no podía recordarla.

Negó con la cabeza. 

— No, nada, no sé —contestó. Y cuando le miró a los ojos no pudo reprimir una sonrisa, que ni siquiera sabía de dónde venía—. No sé nada.

Afuera hacía frío y Siegfried aún no lograba aclimatarse. Tal vez la bufanda que llevaba era parte de una especie de coraza o escudo; esconderse un poco en ella lo hacía sentir menos desnudo. El mayor lo escrutaba con la mirada, como siempre, y él sólo podía pensar en una palabra: avasallador. Como siempre. 

"Él era muy avasallador", solía decir al describirlo. "Demasiado". Y ahora parecía serlo más que nunca, porque los años no pasaban en vano. Cruzó las botas por debajo de la mesa escuchando cómo, cada cierto rato, afuera se escuchaba una tímida lluvia. La luz naranja de los pequeños focos contrastaba contra el azul grisáceo del paisaje tras la ventana. 

— Siegfried —le llamó, y el aludido decidió pasar olímpicamente de ello. El tono en el que hablaba lo llevaba de vuelta hasta sus —no tan tiernos— 16 años, cuando aún el tono imperante de voz del inglés le erizaba los cabellos de la nuca. Nathaniel demandaba saber, como siempre. Pero el menor no tenía nada que decirle, puesto que no planeaba contarle todo lo que estaba ocurriendo en su cabeza. 

Se preguntaba tantas cosas. En primer lugar: ¿qué hacía ahí? Segundo, ¿por qué había aceptado, si nadie le había puesto una pistola en la cabeza? Tercero, ¿por qué tenía tantas ganas de...?

— Devolverse habría sido muy aburrido para ti, imagino —soltó, tratando de acallar sus pensamientos—. Pero de todos los lugares, ¿seguir en América? ¿Para qué?

— No necesariamente será Estados Unidos. 

— Ah... Bueno, yo todavía me pregunto por qué fue Chile en primer lugar...

El caso es que se hallaban en el sector alto de la capital, una vez más, después de lo que parecía ser un tiempo infinito. El otro lo había citado ahí y Siegfried, incapaz de decir que no, aceptó. Y es que después de su escueta despedida en su apartamento, nunca pensó que un día sonaría el teléfono y lo asaltaría una voz tan conocida al otro lado de la línea. Para el rubio esa había sido la última vez antes de separar sus caminos para siempre. Es necesario hacer hincapié en que, en la historia de su vida, los "para siempre" eran rotundos... claro, a excepción del "quiero estar contigo para siempre" que alguna vez le había profesado el británico.

Un día, una hora y una dirección, en ese orden. Y nada más. Andrés —quien se había convertido en su mejor amigo— era dramático, pero nunca tanto como Nate. Sus labios volvieron a curvarse en una sonrisa apenas imperceptible. Idiota.

Y así acabaron hablando del pasado. Fuiste cruel, fuiste malo, ¿por qué hiciste eso? Por alguna razón, no se le ocurrió llamarlo estúpido, incluso cuando lo había pensado antes: más de una vez había fantaseado en qué ocurriría si se topaban en la calle. Opción uno, correr en dirección contraria. Opción dos, enfrentarlo, llamarlo idiota, y hacer una dramática salida de escena —como diría Nathaniel, hacer mutis—. Opción tres, seguirlo hasta su auto para rayárselo con las llaves de la casa. Dios, qué cerca había estado de rayarle el auto hacía un tiempo.

Y rayar su auto había sido la intención más suave. Camilo le repetía: hueona, vamos a quemarle la casa. Hueona, pínchale las llantas del convertible. Hueona, acúsalo con Vicerrectoría Académica. Hueona, pon una denuncia con los pacos. Y aunque sonaba especialmente divertido hacer que la policía detuviera a su entonces novio por estupro y sodomía, después de haber encontrado una carta con fotografías de un hombre semidesnudo encima del escritorio del mayor, nunca fue lo suficientemente macabro para hacerlo. 

"Imbécil", pensó al recordarlo. Podían pasar los años, pero aún nacía un sentimiento horrible en su estómago cada vez que lo recordaba, algo que le hervía en las vísceras. Pero nuevamente, no le dijo nada. 

Y después de tanto tiempo, por fin una respuesta, un porqué. Suspiró. 

Pasaron las horas, un café tras otro, hasta que el lugar estuvo próximo a cerrar. — Vamos a mi casa, si quieres... Tengo alcohol —soltó después de un rato de discutir consigo mismo.

— ¿Qué tienes?

— Vodka —palabra mágica con el mayor, lo sabía antes de decirlo.



En un rato estaban en su apartamento con la televisión encendida y, muy a su pesar, Siegfried no podía parar de mirarle. El pequeño calefactor les calentaba los pies, mientras el rubio se acomodaba en el mullido sillón negro del reducido living. 

La luz azul de la TV bañaba las facciones de Nathaniel. Era tan extraño verlo cambiado. Con el cabello un poco más largo, después de despertar incontables veces a su lado y acariciar los cabellos cortos de su nuca con cariño; un día domingo a las doce del día, con las cortinas cerradas y el amarillo del sol tiñéndolo todo. Acercarlo a sí para besarlo, hundiendo los dedos en su pelo. A veces, jalarle un poco el cabello cuando hacían el amor, desesperado por tocarlo, por besarse intensamente.  

Pero aún a pesar de todo, de tantos cambios —incluso en su ropa—, había algo mágico en toda su persona que no podía ignorar. Algo en él lo llevaba a lo más profundo, donde todo lo demás sobraba. Algo en él lo tiraba tanto que no sabía cómo luchar contra ello. Incluso cuando estaba convencido que a ratos el otro no sabía que él lo estaba observando al levantarse para ir a la cocina, para ir al baño, su mirada no podía despegarse del mayor.

Pensó en Alemania. En Max, en Andrés, en Lucian. En todo, y luego, en nada. Ahí, bebiendo, sintiendo su cuerpo aturdiéndose, todo estaba congelado, nada existía. Y temió de lo que ocurría, de la situación, de él mismo.

De nuevo, ¿por qué tenía tantas ganas de...?

Suspiró.

— Idiota —dijo.

Dienstag, 17. März 2020

1991

Veo sus pestañas claras batirse mientras concentra toda su atención en sus manos. —Yo creo que diste cara— me dice mientras deposita con cuidado el tabaco junto al filtro dentro del papelillo—, de todas maneras no te ves tan mal, para nada.

—¿En serio? Me siento destruído.

Le sonrío y desvío la mirada hacia el centro del patio, completamente vacío a causa de la ligera llovizna que nos humedecía la cara y las manos descubiertas. Se levanta de repente a pedirle su encendedor a la mujer que está sentada a escasos metros de nosotros, me quedo mirándole embobado mientras me imagino la manera siempre tan encantadora en que tiene que estar presentándose para pedir fuego. Vuelve, finalmente, y se queda de pie junto a mí. 

—Me recuerda a mi casa... Es agradable volver a ver un panorama así. Santiago es demasiado seco —le digo y él apenas esboza una sonrisa, con su mirada siempre un poco seria, siempre dotada de una complejidad imposible de encontrar en otra persona.

—Es agradable.

—¿Verdad? Aire limpio. Qué panorama tan agradable para... ¡llenar mis pulmones de humo! —me burlo a la vez que él extiende sus brazos y deja salir una gran mancha gris de su boca.

—Exactamente, ¡viva el humo! —Y no puedo evitar pensar es que es a veces es histriónico, pero siempre en su justa medida, lo suficiente para transmitirme una seguridad en sí mismo que hace que me flaqueen las piernas. Baboso, me digo a mí mismo cuando me sorprendo mirando con especial atención la sombra que se hacía en sus ojos debido al perfil tan marcado de su rostro.

Las ojeras me pesan terriblemente y me siento lento por la falta de sueño. Nos quedamos en silencio por unos segundos mientras intento aguantar mis ganas de colarme entre sus brazos, recordándome a mí mismo que no correspondía hacer tal cosa frente a tantos alumnos —sobre todo los extremistas de derecha que albergaba la facultad de leyes, de esos rubios endogámicos que eran capaces de molerse a golpes por probar que todo lo que cayera fuera de la biblia merecía ser castigado por la sociedad, incluyendo las conductas homosexuales, por supuesto— y, sobre todo, sin una incitación previa a hacerlo. Llamémoslo simplemente timidez.

—En todo caso, en el sur esto ni es ni siquiera llovizna.

—No, allá en tu pueblo cuando llueve parece que tiraran agua con manguera.

—Y si usas cualquier cosa para cubrirte de la lluvia eres mariquita.

—Siéntete libre de sacar tu impermeable entonces.

—¿El tuyo se te quedó en la casa? —le contesto, nos reímos con ganas en el silencio sepulcral tan típico de los días lluviosos. 

Sólo después, volviendo en ello y añorando la compañía de Max luego de que éste entrara a su sala de clases, me sorprendió (y asustó un poco) mi capacidad de haber ignorado por completo, cuando hablaba con él, el hecho de que hacía apenas unas horas yo estaba sobre mi estómago, enredado entre sábanas mientras la boca de mi profesor bajaba besando mi cuello hasta mis hombros, a la vez que sus manos afirmaban con fuerza mis caderas y me atraían hacia su cuerpo que se movía en un vaivén mientras yo arqueaba mi espalda al sentir el roce de su entrepierna contra mí, suspirando y quejándome de impaciencia. Durante al menos veinte minutos había deseado abrazar a Max y escuchar su voz calmada arrullándome, incluso después de haber viajado directamente a la universidad desde la casa de Nate, de haberle comentado en el auto lo mucho que quería devolverme y dormir, de haberme tocado nerviosamente el cuello -como si de esa manera pudiera sentir los moretones que tenía en él- gracias a una sonrisa maliciosa que vi en la cara del inglés. La sonrisa que me producía tanto placer como las risas de Max y que, sin embargo, no se parecía en nada en términos de sensaciones ni intenciones. 

Intentar definir (o peor, descifrar) qué era lo que diferenciaba a los dos era inútil. A menudo terminaba frustrándome por no poder encontrar las palabras que me hicieran sentido en torno a cada uno de ellos, en torno a lo que yo quería o deseaba de ellos. A veces Max se me presentaba como todo el mundo de normalidad deseable a mi edad, esa perfección en la cotidianeidad y una especie de inocencia del mundo (corazón de baraja francesa y sin ninguna herida) que yo no podía alcanzar. Max era, en definitiva, todo lo que un adolescente quería ser a su edad, rodeado de personas y cosas que funcionaban como un reloj suizo, a diferencia de la vida siempre caótica y más bien aislada que había llevado yo toda la vida. Lo que me gustaba de Max era lo inalcanzable que parecía para mí, ese aire de estatua o de isla que al notarte te hace sentir especial o como tocado por un ángel o un fantasma. Max era como el conjunto de cosas perfectas que yo me rehusaba a tocar por miedo de ensuciarlas, por miedo a no ser suficiente.

Y Nate era... Con Nate todo se complicaba mucho, mucho más. Partiendo por el conocimiento innegable de que lo que hacíamos estaba mal y que, aún así, nos atraíamos como imanes. 

22.2.2017

Samstag, 14. März 2020

maybe it means nothing

Y para qué me preocupo tanto, si quizás ocurrirá lo mismo que antes...

Mittwoch, 11. März 2020

11.03.2020

Hace un tiempo, mi padre me contó que una de las razones por las que la relación de mi madre y él había fracasado —al menos la primera vez— fue porque un día él llegó a casa y encontró en el basurero una carta rota. Al juntar los trozos —como si se tratara de una película—, conoció una verdad que hubiera preferido no ver: mamá le escribía a alguien —nunca sabremos quién—, describiéndole cuánto sufría su ausencia y cómo deseaba volver a tenerlo cerca; cómo su vida era miserable sin él.

Eso lo destrozó.

Y me parece curiosa la forma que tiene la vida de conectar nuestras historias con las de otros, sobre todo cuando se trata de nuestros padres; como si estuviéramos genéticamente predispuestos a cometer los mismos errores o, al menos, a caer en las mismas cosas.

Yo mismo escribo aquí porque no soporto la idea de que L. pudiera verlo en mi otra página.

Yo mismo escribo aquí porque, después de mucho tiempo, siento unas ganas tremendas de llorar.

A L. no le molestaría. Él es así. Entendería. Validaría mis sentimientos. Siempre desde su infancia segura y sana, desde su sensibilidad con cabeza fría, desde sus vivencias llenas de amor y comprensión: entendería. Pero quien no entiende soy yo, quien no quiere aceptarlo soy yo, quien sufre todo esto soy yo. Solo, guardándome todo esto incluso de quien vive conmigo, como un secreto oscuro y sucio.

Han pasado años. Se siente increíble decirlo, pero ya han pasado dos años. No puedo decir que en su momento fue fácil o rápido, pero de pronto, me golpea la realidad de que ya se fueron. Nada cambió realmente en ellos, nada se recuperó, todo siguió tan muerto como antes y quizás hasta empeoró. Pero se han ido y aquí estoy yo, tan marcado como entonces.

Aquí estoy yo, soñando con tu cara día por medio. Todavía. Y por alguna razón, este último mes más que otros.

He despertado con rabia. Sobre todo ese día en el que soñé que me casaba contigo.

Pienso: basta. Y también pienso en Bukowski y el pajarito que canta dentro de mi corazón, del que nadie sabe; el que acaso quiere desmoronarme y arruinarlo todo. Le digo que pare, que se calle. Pero como el mismo escritor, no consigo matar al pajarito. Se queda aquí, conmigo, con nuestro pacto secreto...

Hay otros días en los que simplemente estás conmigo. Solamente estás ahí, mientras ocurre cualquier otra cosa.

Y un día estabas conmigo allá, en Escocia.

Me levanté de la cama con un sentimiento de vacío terrible, y profusamente frustrado.

Por algún motivo me duele el corazón cuando pienso en que, tarde o temprano, quizás mucho más temprano de lo que espero, me subiré a un avión y no volveré en menos de nueve años. Y quizás nunca. Algo en mí, supongo, conserva el dolor de que las cosas jamás se arreglaron y que me iré de aquí con un gran fracaso a cuestas.

Debería pensar en que N. irá a visitarme. En que pasaré la Navidad con L. En que expondría trabajos en Glasgow, en Londres. En los crumpets y el té y los museos y la pintura y John y los full english breakfast.

Pero pienso en ti y en que fracasó y que nunca volverás a mí porque te lo dije.

Pienso en que hoy mismo, venía por la calle pensando en un poema que me recuerda que no estás.

(Ahora mismo, se me llenan los ojos de lágrimas. Soy así de débil.)

Pienso en que sigo viéndote en cada esquina, y que se me para el corazón con cada cabeza colorida que veo en el metro.

Y pienso en cómo me cacheteo mentalmente con eso todas las veces, recordándome a mí mismo que la vida no es una película y que no nos volveremos a ver nunca.

Nunca suena como un montón de tiempo.

Suena como un montón de tiempo para seguir revisando los mismos sitios web todos los estúpidos días —el orgullo me sangra con esta tremenda vergüenza— a ver si hallo algún atisbo de que aún existes.

No sé cuándo me voy a curar de esto. No creo que te importe. Acaso soy quizás un recuerdo vago y pequeño que te asalta de vez en cuando, uno que no podría influir menos en tu día a día.

Pero a mí sigue pateándome todo el tiempo. A veces es medio maletero y siento que me patea en el piso.

Quiero tener esperanza de que algo sucederá. De que me curaré, o que alguna otra cosa va a pasar. Aún cuando sé que no debería esperar nada, porque la vida dejó de ser mágica hace mucho tiempo, y ni siquiera sé si tenga la suerte de poder financiar la universidad que ya me aceptó.

(R. está increíblemente orgullosa, hoy me presentó como "alumno aceptado por..." en clases, y la mamá de N. no paraba de presumir al hijo adoptivo que quedó en una universidad top 10 mundial...)

Esto porque sé que no suelen sucederme cosas buenas, y llevo demasiado tiempo —más de un año— con una cosa buena tras otra en mi vida. Así que lógicamente desconfío, pienso que para equilibrar la balanza se me tiene que quitar algo tremendo, como la beca de posgrado.

Entonces sé que nada bueno puede pasar. Sé que nuestra última reunión fue eso, la última, y que no volveré a encontrarme contigo; menos con mi situación actual.

Y por eso todo esto es tan frustrante. Fue una derrota rotunda y final. Creo que nada en la vida se ha sentido como perder una guerra, excepto esto. No una guerra contigo, por supuesto, sino una guerra contra la vida misma, porque francamente siento que perdí por lo menos un dedo.

Sé que moriré ignorado y que esta especie de carta será devuelta al remitente. Sé que nada florecerá de esto. Y sólo me queda echarme a tocar un rato tratando de no torturarme demasiado, tratando de no llorar; hacerle cariño al gato con el pie mientras deseo que mi vida fuera solamente dormir, comer y cagar, igual que la suya.

Siempre...


Montag, 2. März 2020

22:22

En ti. 

Cuando tengo miedo, por alguna razón vuelvo a pensar en ti. 

Pensar, porque no hay un 'tú' al cual volver. 

Porque en este torbellino, en esta vertiginosa rayuela, esta carrera de embolsados, todo puede pasar. En dos meses, mi vida tendrá el potencial de cambiar radicalmente, para bien o para mal. Estoy trabajando todo lo que puedo, pero en este momento nada es seguro.

Trato de repetirme que todo estará bien. Que mis personas estarán ahí para mí. L. me hace sonreír como estúpido, me dice que veremos qué hacer una vez tengamos los resultados en mano. 

Pero aún así, no dejo de tener miedo.

¿Qué espero? ¿Por qué confío en ti después de tantos años, después de tanta agua que ha pasado bajo el puente? Algo en mí quiere correr a ti, sólo para que me digas que estaré bien. Que estaré bien sin ti, o que las cosas funcionarán, lo que sea; pero viniendo de ti. 

No espero que acaricies mi cabello ni que beses mi coronilla. No esperaría contacto alguno. Sólo... algo en mí me pide que me digas que confías en mí, que estaré bien. Eso es todo...

–Sigh— como si fueras a leer esto.