Wer mit Ungeheuern kämpft, mag zusehn, dass er nicht dabei zum Ungeheuer wird. Und wenn du lange in einen Abgrund blickst, blickt der Abgrund auch in dich hinein.

Mittwoch, 7. Oktober 2020

La profesora S. no se da cuenta de cómo me hizo colapsar la investigación. Trabajé tantas horas seguidas, durante tantos días que, hasta donde sé, me descompensé.

A veces me pasa, no es secreto de Estado, algunos lo saben. Cuando estoy muy cansado de noche, oigo voces, antes de dormir. Extremadamente cansado, he escuchado voces de día. El punto es que nunca he sentido que son reales, ni mucho menos que me transmiten mensajes.

Distinto es cuando estoy en el borde de la alerta y el sueño, en la brecha de la realidad y la ficción, y comienzo a tener "fenómenos perceptivos", como los llamaba el Dr. L., forma mucho más amigable que la forma que tiene mi psicóloga nueva, B., de llamarlos: "fenómenos micropsicóticos". 

Ayer, en el periodo de una hora, escuché que tocaban la puerta del departamento insistentemente. Que alguien se sentaba en mi cama, a los pies. También, que N. —que no está en Santiago— estaba de pie al lado de la cama, hablándome. Y no era capaz de despertar, por mucho que luchara, por mucho que estaba convencido de que me levantaba de la cama y me iba a la ducha. 

Y esta mañana pensé, por un largo momento, que estabas recostado tras de mí, abrazándome, y que estirabas la mano para molestar al gato, que dormía junto a nosotros. Te decía que la dejaras tranquila, por favor. Y reconocía los lunares en tus brazos y sabía perfectamente que eras tú. 

Hasta que me di cuenta de que no podía ser y volví a la realidad. 

Ya pedí un sobrecupo para que la psiquiatra me atienda el lunes. 

Montag, 5. Oktober 2020

Hear me love, I'm breaking

Hear me love, I'm breaking
Like I'm in love, hmm
Can you hear me? Hmm hmm
Summer calls, 
Most by so slowly

Incluso ahora...

N. me abrazaba con fuerza y mi vista estaba taciturna, perdida. Dentro de mí muchas flores se marchitaron, yo diría que arbustos completos. Me senté ahí, intentando procesar las malas noticias, solamente para encontrarme de frente con un muro de concreto, mis emociones lo inundaban todo como un aluvión; hasta el charco más pequeño se convirtió en un océano, las casitas de muñecas se anegaron por completo; murieron un montón de esperanzas. Y solamente podía enfrentarme a ello, no a la lógica, no a mi hemisferio izquierdo. 

Y aún después de casi una semana, incluso ahora...

Esa mañana soñé incesantemente contigo. Debí saber que se avecinaban malas nuevas. No sé porqué, pero me dio esa impresión cuando desperté y vi el correo en mi bandeja de entrada. Tal vez porque se trataban de dos sueños rotos, hechos añicos; dos vidas que pude tener y que se me arrebataron de las manos. 

Porque aún con tanta flor marchita, algo dentro de mí, una parte traicionera, se encargó todos estos años de regar aquellos pétalos azules y tallos en ramillete; inconfundiblemente Nomeolvides, o Myosotis en su nombre científico. El símbolo del amante eterno, del amor desesperado.

Porque qué podría ser esto sino un amor desesperado. Y no me refiero al amor que solamente sirvió para separarnos, me refiero a ese sentimiento que echó raíces desde el primer día, la primera conversación, el primer mensaje. El rizoma que se metió en mis vísceras e hizo metástasis en mis pulmones, en mi corazón, en todos mis órganos; la planta que cuidé tanto y que ahora, como una enredadera, aún cuando quiero dejar morir, sigue trepando por mi piel. 

Todo eso para decir que, incluso ahora, incluso cuando me has abandonado tantas veces, incluso cuando has vuelto sólo para volver a alejarte de mí; incluso ahora, incluso en ese entonces, solamente pensaba en ti y en lo mucho que necesitaba un abrazo tuyo, unas palabras que me aseguraran que todo estaría bien.

Y no quise escribir esto en todos estos días porque sabía que, de hacerlo, de escribirte esta carta, por fin lloraría. Dicho y hecho, lloro ahora que N. no está, en el comedor, cuando debería estar trabajando intensamente. Lloro porque sé que como las cosas que se comen, digo las cosas que se dicen, voy a los sitios donde se va, y sé muy bien que no te encontraré en ningún lugar, en ninguna palabra, en ninguna de mis hambres. 

Cerré el computador esta mañana porque no fui capaz de hacerle frente a la clase. Me dormí. Desperté cinco minutos antes de la clase siguiente y no pude prestarle atención en absoluto. Sentía rechazo constantemente frente a cada ejemplo, frente al discurso del profesor. Porque esto no es lo que quería, porque lo que quería está hecho añicos.

Y no digo que logro imaginar todos estos proyectos contigo, que logro visualizar en mi cabeza cómo habría sido todo esto si estuvieras. Soy incapaz de cavilar cómo se habrían desarrollado estos años si no hubiésemos roto, porque todo cambió tanto que es irreal. Pero lo que sí sé es que, de nuevo, incluso ahora, cuando siento tanto miedo y desesperanza, cuando me siento tan roto, estresado, agobiado, angustiado... aún eres la única persona que podría calmarme.

Independiente de cuánto N. y F. y W. estén ahí para mí, independiente de cómo N. me sujeta en sus brazos, me mece y me besa el pelo, tu fantasma siempre está rondando, intento abrazarlo y se me escapa de las manos; sueño tanto contigo, aguanto las lágrimas escribiendo, me falta algo dentro. Me aferro a las cosas que escribiste hace años, cuando aún pensabas en mí y me escribías alguna frase corta en tu blog, no puedo evitar leer y releer como si aún estuviera en tu cabeza. No puedo evitar buscarte en la calle donde tu rostro es todos los rostros y tu porte es todas las alturas, donde tus pies son todos los escalones del metro, donde cada metro cuadrado es el espacio donde no estás. 

Y los Nomeolvides siguen ahí, tan vivos como siempre, con alguna que otro ramillete enfermo, pero resistiendo a todo, siempre perenne. Los naranjos de Campus Oriente que alguna vez nos cobijaron y nos cuidaron del sol están tan llenos de frutas como en una pintura de Botticelli, se erigen alrededor de mí y me atrapan, las paredes se vuelven árboles de un bosque donde aún te busco. Y como Max, corro entre la hierba hasta encontrar un bote, uno que me lleve a donde viven los monstruos, donde pueda escapar de todo esto y quizás lograr extrañar un poco más mi vida y menos a ti. 

Pero no encuentro nada más que esta pared de concreto frente a mí que me impide ver soluciones. Me encuentro con un sentimiento tan familiar que asusta. Porque pude sentir mucho dolor en estos dos años, pero la desesperanza real solamente la sentí esa vez en que me encontraste convulsionando en mi cama y me mecías mientras esperabas el coche que podía salvarme la vida. Y no estoy ahí, no, pero puedo tocar esa agua terrible con la punta del pie y me aterra.

Y cuando me siento así de aterrado, te busco.

Y cuando me siento así de aterrado y no te encuentro, me dan ganas de ir a la cocina y romper todos los vasos, todos los platos, me dan ganas de rajar mis cuadros como Salvador al saberse despojado de Federico. Me dan ganas de llorar a gritos, aquí, en el salón de mi casa; no importa si los vecinos me escuchan, no importaría nada porque no estás, no estás, no estás cuando te necesito.

Y solamente pienso en Nomeolvides; No-me-olvides, por favor, no me olvides. 

No olvides que estoy aquí, esperando que me leas, que veas lo que hay detrás de este cañaveral de palabras y lágrimas contenidas. No olvides que aún busco tus brazos incansablemente, como se busca un cuerpo perdido; que todavía te escribo así como las personas llevan flores a las tumbas. No me olvides, a mí y a mis metáforas y mis perras negras, artilugios de escriba que te recordaban tanto a Cortázar, ese escritor que no lograba gustarte del todo, no, tú preferías a Hemingway.

Nunca me gustó Hemingway. Y no sé porqué la idea me llena los ojos de lágrimas.

Respiro profundo.

No te olvides de mí. Por favor léeme. Porque esta pequeña esperanza de que aún eres mi alma gemela, de que un hilo rojo tira de nuestros dedos, es lo único que me queda y es la única certeza que tengo en este momento, a las 16:59 del cinco de octubre de 2020. 

Sonntag, 4. Oktober 2020

Estoy... devastado...

 ...

Ni siquiera sé qué decir.

Montag, 28. September 2020

Pictures of you

I've been looking so long at these pictures of you
That I almost believe that they're real 
I've been living so long with my pictures of you
That I almost believe that the pictures 
Are all I can feel

Remembering you standing quiet in the rain 
As I ran to your heart to be near 
And we kissed as the sky fell in
Holding you close 
How I always held close in your fear

Remembering you running soft through the night 
You were bigger and brighter and wider than snow
And screamed at the make-believe 
Screamed at the sky
And you finally found all your courage 
To let it all go

Remembering you fallen into my arms 
Crying for the death of your heart 
You were stone white
So delicate 
Lost in the cold 
You were always so lost in the dark
Remembering you how you used to be 
Slow drowned 
You were angels
So much more than everything 
Hold for the last time then slip away quietly 
Open my eyes 
But I never see anything

If only I'd thought of the right words 
I could have held on to your heart 
If only I'd thought of the right words
I wouldn't be breaking apart 
All my pictures of you

Looking so long at these pictures of you 
But I never hold on to your heart 
Looking so long for the words to be true
But always just breaking apart
My pictures of you

There was nothing in the world
That I ever wanted more 
Than to feel you deep in my heart
There was nothing in the world 
That I ever wanted more
Than to never feel the breaking apart
All my pictures of you

Sonntag, 27. September 2020

You're not a stranger if you're always on my mind

25 & 26 & 27

25

Tres meses más tarde...

Y no sé cómo comenzar a explicar cómo me siento. "Asustado" quizás no es la palabra correcta, pero es la primera que se me viene a la cabeza.

Hablaba con la tía S. y el tío C. sobre cómo yo estaba optimista sobre el año que viene. Supongo que eso es lo correcto a decir cuando estás a la mesa con siete personas (y personitas) que ríen y son felices y tienen la vida bastante resuelta. O al menos seis de ellas. 

En mi caso tengo miedo de lo que vendrá, Dios, tengo miedo hasta de lo que pasará en dos semanas. Tengo miedo de no poderme las cosas: los cursos y las ayudantías que al final sí tomé —pensando en el caso de que lo de Edimburgo se caiga definitivamente—, la forma en que me siento, este cansancio constante, e incluso mi hobby. Sí, hasta eso tengo miedo de no cumplirlo como debería. 

Y por supuesto tengo miedo de no poder irme, es lo que más me aterra en este momento. Siento que necesito hacerlo, el cuerpo y la cabeza me lo piden. Necesito sentirme capaz de algo, sentir que tengo algo, que estoy haciendo algo con mi vida que me gusta y me llena, incluso, que tengo algo que otros no tienen porque yo mismo trabajé para ello y me esforcé y esmeré hasta el agotamiento; necesito sentir que me merezco esto y que, por una vez, se me sea entregado aquello que merezco por esfuerzo.

27

"Agotado" puede no ser la palabra adecuada, pero es la primera que se viene a la cabeza.

Hoy dormí catorce horas seguidas después de haber albergado a G., C. y M. durante la noche del viernes y el día sábado. Cuando eran las cinco de la mañana y yo me hallaba muy, muy drogado, me di cuenta de que tengo algo increíble: mis amigos son una familia interesante y acogedora, incluso si no siempre están ahí pululando, incluso si ahora nos vemos poco. 

No digo que sea suficiente para dejarme calmado, sigo inquieto, tanto que hoy me tuve que tomar tres pastillas de clonazepam debido a lo disociado que estaba... pero sí es algo hermoso para tener y que deja recuerdos preciosos, que se anidan en mi estómago y en mis músculos, en mis huesos. Porque veía a G. y C. conversar mientras nos volábamos con N. y M., y pensaba: son tan lindos y tan puros, tan hermosos, amo cuando interactúan... veía a G. conversarme sobre su mundo, aún cuando a veces se me iba la onda, y era todo tan fantástico y lleno de ideas frescas, con palabras llenas de amor por lo que hace...

Y no sé qué más decir de este fin de semana. Tengo tanto que decir, tanto que transmitir, pero la universidad me tiene muerto en vida; hasta mi tope de aguante y más arriba. Suspiro. 

Y todavía te escribo de la misma forma en que las personas llevan flores a las tumbas. 

Donnerstag, 9. Juli 2020

"Does it ever stop hurting?"

"No, you just make room for it."