Por alguna razón recordé la sensación extraña que me dio cuando vi una obra de teatro en el campus. Uno de los actores lloraba, y de repente me pregunté exactamente qué hacían para lograrlo. Gracias a mi déficit atencional, me imaginé cómo debió haber sido su clase de eso: ¿Los harían llorar de verdad? ¿Recordar algún evento propio y feo en sus vidas? ¿Y acaso ese actor, cada vez que lloraba, recordaba un recuerdo enraizado en sí mismo, se controlaba para no hipar al recitar las líneas?
Observaba mucho a la gente, sobre todo a mis compañeros del campus. Particularmente, porque los otros artistas -no visuales- me llamaban mucho la atención... Somos todos tan extremadamente distintos... Incluso nos cuesta entendernos. Pero hay un mundo tan extraño, un submundo dentro de cada artista que sólo puede ser visto por otro de ellos. Es como mirar de una ventana a otra.