Y para qué me preocupo tanto, si quizás ocurrirá lo mismo que antes...
Para qué preocuparse tanto, me digo; cuando quizás vuelvas a dejar de contestar mis mensajes y no nos veamos. Sobre todo ad portas de irnos, los dos, a continentes distintos.
Me tomó un día entero digerirlo y un clonazepam de por medio. N. me decía que estar mirándonos en silencio sentados a la mesa se sentía como lo que ocurre después del huracán.
Pero me repito que para qué me preocupo tanto, si quizás lo de anoche fue que me tocaras para que no vuelva a ocurrir. Así pasaba el año pasado, después de vernos un par de veces para que volvieras a dejar de contestar mis mensajes y desaparecieras por un año y un mes más.
Te lo dije varias veces: me cuesta confiar en el cariño después de todo lo que ha ocurrido...
Además necesito cosas que no creo que quieras darme. [Otra vez, desconfío] Siento que necesito que me trates con un poco más de delicadeza —siempre fuiste más delicado conmigo—. Siento que necesito saber que puedo tocarte —¿puedo?—. Siento que necesito que me cites a lugares, que me invites a cosas. Porque sigues teniendo el poder de la situación, aunque yo no quiera; y yo sigo desconfiando y estando terriblemente temeroso.
"Me siento desnudo y en pedazos" le dije.
Quizás no significaba nada. Que me abrazaras con tanta seguridad y fuerza como antes, probablemente no significaba nada. Pero me quedé ahí, con miedo de moverme; con miedo de romper ese pacto silencioso y secreto entre nosotros que podía durar sólo por una noche. Me quedé con los ojos abiertos por horas, suspirando a ratos, intentando no mover un solo dedo. Trataba de disfrutar sin culpa ese abrazo, conteniendo el miedo de estar demasiado cómodo en él.
Tuve tanto que decir en la mañana, pero aún mi cerebro no procesaba nada y las palabras se quedaron en mi boca.
Me gustaría haberte pedido que siguieras acariciándome el cabello y que bajaras la voz, que me hablaras como en los domingos perezosos en que apenas nos escuchábamos hablar a veces. Y no sé si te importaría, no sé si accederías, y el miedo a humillarme me hizo no decir nada.
Probablemente no diga nada.
Probablemente después del mensaje que te envié, no intente mandar otro, por miedo a volverme a humillar. Por miedo a haberme ilusionado de nuevo sólo para verme de nuevo como un hombre patético.
Probablemente espere que tú me digas algo. Pero me gustaría que no me hagas esperar tanto, que no seas cruel.
Me gustarían tantas cosas...
Y no entiendo para qué me preocupo.
Pero de nuevo, tampoco entiendo por qué te quiero tanto...