La verdad, mentiría si dijera que me di cuenta de que mi casillero había cambiado en absoluto. Al haber llegado corriendo ahí de mi clase de grabado, solamente enfocado en buscar un poco de papel rosa espina para hacer una de las últimas impresiones y estando justo a tiempo para volver a la residencia, me sorprendí cuando, al aventurar mi mano dentro de la caja de metal, toqué una caja y un papel que no estaban ahí antes. Consternado y tratando de fijarme más (dada la poca iluminación del pasillo) mi corazón dio un brinco en mi pecho.
Quise retroceder unos pasos y alejarme de ello, sin embargo, en menos de medio segundo mi mano estaba agarrando firmemente el trocito de papel. Me toqué el pecho con la otra mano extendida, sin querer. Era el mismo tipo de papel, de la misma agenda, con la misma pluma y letra. Inconfundible. Me quedé ahí como una estatua, olvidando por completo la tinta secándose en mis placas de cobre.
Tu sangre pictórica y en general toda la concepción plástica de tu estética fisiológica tiene un aire concreto y tan proporcionado, tan lógico y tan verdadero de pura poesía que adquiere la categoría de lo que no es necesario para vivir... Se puede decir: "Iba cansado y me senté a la sombra y frescura de aquella sangre”; o decir: “bajé el monte y corrí toda la playa hasta encontrar la cabeza melancólica donde se agrupaban los sabrosos bestecitos crepitantes tan útiles para la buena digestión.”
Tú alegras todas mis semanas.
Mi corazón se apretó en mi pecho al reconocer inmediatamente esa carta. Lorca. Sentí la presión de mis palpitaciones en mis oídos mientras mi mano temblaba al sujetar el papel. Me tapé instintivamente la boca con la misma mano que estuvo en mi pecho. Y justo en una orilla de papel, un solitario:
Búscame...
Mierda, mierda, mierda. Piensa en frío. Cálmate. Siegfried. ¡Cálmate!
Respira.
¿Búscame...?
Tú alegras todas mis semanas... ¿Yo? ¿Cuáles son las posibilidades? ¿Se habrá equivocado de locker? ¿Todas... las semanas?
Mi cara ardía, sentí un frío bajar por mi pecho y una montaña rusa en mi estómago, taquicardia y la respiración agitada. Nicht der richtige Moment ängstlich zu sein, Siegfried. Wirklich. Instintivamente, tomé la pequeña cajita que había aparecido entre todo el desorden que yo llamaba locker. Uh... Der Teufel ist das?... Schokolade? Me sonrojé hasta las orejas y probablemente hasta la línea del cabello. Miré hacia todos lados, como esperando, otra vez, que uno de mis amigos saltara con una cámara y, sin embargo, nada ocurrió: Sólo oía a algunos compañeros moverse dentro del taller y la música de la radio que teníamos dentro. Tal vez era el momento de dejar todo dentro de mi locker y correr, encerrarme en el baño un rato como si nada hubiese pasado - tal vez así despertaría en mi cama sintiéndome estúpido por soñar semejante cosa. El problema es que todo parecía bastante real, sobre todo al pasar mis dedos por la caja, que venía completamente en inglés, sin ni una sola etiqueta en español. ¿Cómo demonios había entrado eso en mi locker? ¿Lo habían abierto? Candados chinos de mierda.
Dejé la caja ahí y volví a mirar el papel en mi mano. Sólo entonces noté otro trozo de papel muy pequeño, atrapado entre una orilla del casillero y mi tubo de dibujo (Are you fucking kidding me?). Siento mucho lo de tu locker, pero cuando me encuentres, te prometo que te pagaré otro. Sobresaltado, inmediatamente cerré la puerta para encontrarme con la confirmación a mi sospecha. Tuve el impulso de reírme en un principio, esto tiene que ser broma, toqué la lata doblada como para comprobar la veracidad del hecho. Sí, bastante real. Me pasé la mano por la cara. Todo se sentía demasiado surreal... No, hiperreal. Eso diría mi profesor de narración...
Me cacheteé mentalmente por siquiera pensar en eso. No, no, no. Ni siquiera es como si le pusiera tanta atención a ese profesor de todas maneras. Ni siquiera es como si hubiésemos hablado alguna vez más allá de alguna recomendación de libro o al final de una clase. Vamos, Siegfried, Sie können nicht so kindisch sein. Nunca le he puesto atención, no. Y por supuesto, jamás me notaría...
El tiempo se había detenido ahí mismo. No supe qué hacer, no sabía si dejar todo hasta ahí y guardarme los papeles para mí o contestar... Y realmente quería hacerlo. Porque, ¿Qué tal si aquella persona volvía y no encontraba nada? ¿Qué tal si aquello lo detenía de volver a dejar algo? Sin embargo... Realmente no conocía al hombre o la mujer en cuestión (aunque algo me decía que era un hombre, no es como si tuviera mucho éxito entre las mujeres y vamos, vaya elección de pareja para citar una carta), y me había sentido bastante intimidado tanto por el "búscame" como por el regalo (item raro, que en mi vida había visto o escuchado) y más aún por el ofrecimiento de pagar un locker nuevo por una simple rejilla doblada. Was für ein Mensch tut das? Y no sabía si me sentía más atraído y curioso o más desconfiado... Y ugh, mierda, tal vez ni siquiera era para mí, todo esto... Pero mi corazón latía terriblemente rápido...
Dejé el famoso chocolate en donde estaba y saqué el papel rosa espina con lentitud (el cual, para colmo, estaba doblado gracias a mi gran capacidad de orden), como no queriendo cerrar el casillero, como queriendo tener el tiempo para pensar las cosas. Pero mi sensación de que era todo una broma estaba picándome demasiado. Guardé ambos papeles en mi bolsillo y miré la hora en mi reloj. Mierda. Llevaba como veinte minutos ahí - lo suficiente como para no alcanzar a terminar la impresión y tener que correr a la residencia. Ugh... Sólo me pasan a mí estas cosas.
+
Subí las piernas a la silla mientras intentaba retener algo de calor. Dos grados a las once de la mañana es inhumano, pensé mientras sentía el sol en mi nuca, probablemente haciendo ver mi cabello completamente amarillo. Abracé mis piernas mientras hundía la cara en mi bufanda y miraba mi termo con té en la mesa del kiosko. Ya más calmado, había sido capaz de pensar en qué hacer y resolví que seguir el juego (por mucho que desembocara en una broma de proporciones y una burla hasta la eternidad) no era tan terrible - siempre podía negar cualquier tipo de interés en él. Por eso me había dado unos minutos en la mañana para darme una vuelta nuevamente por mi locker.
Fue así: Abrí el casillero, quizás con un poco más de emoción de la que debía, por si llegaba a encontrar algo nuevo. Nada, aunque eso me alivió de alguna manera. Saqué los mismos papeles de la noche anterior de un bolsillo de mi chaqueta y miré a ambos lados antes de releerlos. Saqué mi propia libretita de dibujos y demases:
Me gustan mucho Dalí y Lorca. Pero, ¿Estás seguro de que tienes a la persona correcta? Me daría mucha pena que estuvieras escribiéndole cosas lindas a otra persona :( (puedo devolverte el regalo que dejaste, cualquier cosa). Pero si quieres contestar de todas maneras... ¿Se vale hacer preguntas? ¿Eres de literatura? ¿En qué año estás?(Probablemente no quieras contestar eso o arruinará tu diversión)Me resulta difícil creer que alguien de otra carrera conoce esas cartas... Prácticamente soy el único ñoño que las busca. Si te equivocaste de casillero al menos sería divertido conocerte y conversar de autores.
Por cierto! No me molesta lo del locker, no pasa nada. No tienes que pagarlo, es un pedazo de metal. Además, ya lo arreglé jajaja
De todas maneras, gracias por dejar textos tan bellos en mi locker...Significa mucho para mí
-Siegfried :)
Introduje el papel (lleno de rayones, que esperaba fueran lo suficientemente negros como para no poder leer bajo ellos; y con un dibujo de gatito al lado de mi nombre) en el candado y me reí de mi propia torpeza cuando miré los dos parchecuritas haciendo una cruz que había puesto sobre el metal abollado, como haciendo un intento de cerrar uno de los tres huecos, junto al post it con una flecha que señalaba "convaleciente y en recuperación! no tocar". Realmente espantaría a cualquiera con lo infantil que era. Supuse que al menos así sabría derechamente si estaba siendo objeto de una equivocación garrafal - No era posible que alguien se fijara en mí en absoluto. Just no.
Así, pensé bajando las piernas de la silla, me encontré a mí mismo mirando atentamente los lápices de mis compañeros y tratando de fijarme en si alguien me miraba más de lo común - pero nada. Miraba también a aquellos que fumaban, pues no podía pasar por alto el hecho de que justo sobre mi locker, descansaba una colilla de cigarrillo Marlboro. Y a la distancia, sonando como un murmullo un pensamiento tras mi cabeza, estaba un deseo terrible de unir todas las piezas como yo quería que calzaran.
Las decepciones duelen mucho más que no soñar en absoluto...Pero sólo quería verle de nuevo y poder sacarme mis ideas de la cabeza...
No pude dejar de pensar en ello en toda la mañana. Una y otra vez, una y otra vez, tratando de no mirar las notas en mi bolsillo...
Así, pensé bajando las piernas de la silla, me encontré a mí mismo mirando atentamente los lápices de mis compañeros y tratando de fijarme en si alguien me miraba más de lo común - pero nada. Miraba también a aquellos que fumaban, pues no podía pasar por alto el hecho de que justo sobre mi locker, descansaba una colilla de cigarrillo Marlboro. Y a la distancia, sonando como un murmullo un pensamiento tras mi cabeza, estaba un deseo terrible de unir todas las piezas como yo quería que calzaran.
Las decepciones duelen mucho más que no soñar en absoluto...
Sí... Quizás era demasiado temprano para volver a comer. Tal vez me merecería las cosas que llegaban a mi casillero si me esforzaba más... No sé. Pero me encontraba demasiado concentrado debatiendo conmigo mismo si valía la pena comer o no una manzana, mirando el hueco que se formaba entre mis piernas al juntar las rodillas (todavía no lo suficientemente grande, mis piernas se veían enormes) sentado en un desnivel del piso cerca del kiosko, cuando le vi pasar por el pasillo en diagonal a donde yo estaba. Serio, como siempre, con el ceño fruncido y las mangas de la camisa arremangadas. Me miró fijamente y dejé de respirar, quizás hasta se me fue el color de la cara. La manzana resbaló de mis manos sin querer, yendo a parar lejos. La vi rodar por el pavimento y me avergoncé tanto que no fui capaz de ir a buscarla, fue otro chico del campus el que se acercó a devolvérmela. Me disculpé y le di las gracias mirando al piso, sintiendo las orejas y las mejillas calientes...
Maldición...
(Fortsetzung folgt.)