Después de un tiempo
uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma.
Y uno aprende
que el amor no significa recostarse
y una compañía no significa seguridad.
Y uno empieza a aprender...
que los besos no son contratos
y los regalos no son promesas.
Me quedé unos segundos de pie, mirando a ambos lados, plantado delante de mi casillero. El corazón latiéndome en los oídos y la mano derecha temblando, sosteniendo entre dos dedos un trozo de papel con rayas horizontales.
Sentía la risa en el fondo de la garganta, lista para encontrar a alguno de mis amigos escondido y soltarla, reírme de la broma. Sin embargo, ya estaba de noche y no rondaba un alma en el campus. Quizás la broma no funcionó, pensé, mañana le preguntaré a mis amigos quién fue.
Pero era muy extraño, porque nunca mencioné a mis amigos que me gustaba Borges. Tal vez fue una coincidencia. ¿Pero por qué una nota y no una confusión, si es qué? Ni siquiera decía "te amo" o "soy tu admirador(a) secreto(a)", como otras notas que habían aparecido en mi casillero, escritas en hojas de partitura o tickets de la biblioteca (las cuales, supuestamente, tampoco escribieron mis amigos). Ésta tan solo decía una parte de un poema de uno de mis autores favoritos, en una letra pomposa (notorio narcisismo, según la grafología), elegante y muy puntiaguda (introversión y agresividad). No había comenzado a leerlo y mi mente ya había recitado por mí el resto.
Respiré por primera vez, dándome cuenta de que retuve el aliento mientras examinaba el papel. No todo el mundo escribe con pluma - inmediatamente, sentí un apretón en el estómago al saber que comenzaría a fijarme en los lápices de todo el mundo. Además, había una fecha en el papel (perteneciente a una agenda) que correspondía a uhm... Dienstag. Martes. Ayer...
Una ráfaga de viento frío corrió por el pasillo, haciéndome volver de mis pensamientos. Doblé el papel y lo guardé en mi bolsillo. Revisé una vez más el casillero por si encontraba algo más, mientras pensaba que la parte que seguía era... Lo que necesitaba recordar, tal vez. Y de repente, volvieron las ganas de llorar. De repente, una pequeña lucecita encendida como un farol en el fondo, en un rincón de mi corazón, de mi pecho. De repente, esperanza de que alguien, guiado por algún tipo de destino, hubiese puesto lo correcto en el momento justo. Y la pequeña decepción de no tener un nombre, un "respóndeme" o "búscame". O no tan pequeña.
Respiré profundo y me arriesgué. Si era una broma... Al menos nada ocurriría. Y sacando la mitad de una página de mi libreta azul, escribí una nota de vuelta, que dejé en el orificio de mi candado, por si alguien volvía y decidía sacarla. Con letra temblorosa, rezaba:
"Gracias... Me alegraste el día"
Y volví a la residencia, tal vez con una pequeña sonrisa bajo la bufanda, tratando de convencerme de que no estaría decepcionado si aquella nota era la primera y la última...
De repente, un pequeño y difuso recuerdo de su pluma sobre la mesa. Y el corazón apretándose, la cara ardiendo. Una sacudida rápida a esa idea...
Y uno empieza a aceptar sus derrotas
con la cabeza alta y los ojos abiertos.
Y uno empieza a construir
todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes...
y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.
(Fortsetzung folgt.)