Mi psiquiatra me dijo que buscara algo que me liberara. "¿Escribir?" No lo sé... La idea es reemplazar mi(s) TOC por otra cosa. Particularmente, lavarme las manos. Suspiro. Es bizarro en exceso pensar en un psiquiatra que atienda de noche, pero el dinero lo puede todo, supongo...
Mi problema es volver a tratarme. Es que los recuerdos vuelven primero de a poco y luego todos de una vez, "como los adjetivos en el discurso", diría Julio. [Escribir en papel cuadriculado es pésimo]
Ahora mismo sólo puedo pensar en lo sucia que debe estar esta mesa. Siento unas ganas terribles de lavarme las manos y bañarlas en alcohol. Pero luego miro el reloj en mi muñeca contraria y oigo la voz de mi psiquiatra recordándome que el notar el reloj debe detener mi impulso compulsivo...
Lo he recordado tanto que siento ganas de verlo y contarle todo. Volver a mi vida antigua, sin lujos, difícil, luchando para comer... Pero era real. Dolía, pero estaba vivo. [Odio escribir en papel cuadriculado... TOC, TOC, TOC. Zwangsstörung, Siegfried. No sería compulsivo si no pensara compulsivamente también] Una vez que su recuerdo volvió a mí, llegó para quedarse. No necesariamente por él... Sino más bien por lo que representa su recuerdo... Todas las cosas que perdí. Todo lo que yo fui.
"¿Te sientes sucio?" me pregunta. "¿Coincidió el comienzo de tu TOC con algún evento traumático o desagradable?" "¿Tal vez tiene que ver con tu sexualidad? ¿Fue en esa época en que te diste cuenta de que te gustaban los hombres?"
Me quedo en blanco. No respondo. "No," suelto al final, mecanismos de defensa en alerta. No sé. Tal vez sí. Pero es como si mi mente no pudiera acceder a ese trozo de información... Le comento que comencé a hacerlo cuando dejé de vomitar -la vergüenza comienza a encaramarse, a subir por mis piernas-, él asiente y me mira expectante, pero no tengo mucho más que decir. Me río nervioso.
Es extraño, porque sé que está mal y quiero dejar de hacerlo, pero se siente bien y no quiero parar... Es exactamente lo que le digo, avergonzado. "Sí, los trastornos obsesivo-compulsivo son complejos," me explica. "Tienen una dualidad de no querer el daño y desearlo al mismo tiempo." Sí, lo deseo. Deseo la sensación de las manos ásperas y rotas, sangrantes. En el fondo... Deseo todo es castigo. Simplemente... No sé porqué. Es... frustrante.
Max tenía esa manera de saber cómo yo funcionaba sin pensarlo. Sin embargo... Sabía darme confianza, no me ahuyentaba con eso. Cuando me ponía ansioso, me llevaba a algún lugar apartado de algún patio y cantábamos con guitarra, o armonizábamos una canción en piano en alguna sala del instituto de música... Él era inventor de cosas fantásticas, melodías preciosas y a la vez, palabras tan crudas...
A veces siento que nuestra relación era de amantes en muchos sentidos. Me gustaba echarme con él en las canchas y delinear su cara, pasar mi dedo por su frente, su nariz, tocar su cabello. A veces levantaba la mirada y me observaba fijamente, a lo que yo lo evitaba tímidamente mientras sentía mis manos temblar en entre sus hebras rubias. Sus ojos eran tan malditamente azules, me hacían sentirme descubierto y protegido a la vez. Max habría sabido el porqué de mi OCD si le hubiera preguntado. Max habría... Estaría...
Pero Max no existe más que en mis recuerdos y me siento sucio. No existe y quiero lavarme las manos o meterme bajo la ducha por horas. Max me olvidó, es cierto. El Max que yo vi no es él, es otra persona. Max no imaginaría nunca que yo lloraba en las butacas cuando tocó su solo, menos que lloraba sangre, por Dios. Pero el fenómeno Max, el huracán Max pasó por mi vida y arrasó con todo, sacó todo de raíz y se fue, y creo que dejó más daños estructurales de los que yo creía...
Él debió pensar que era la luz del sol la que me llenaba los ojos de lágrimas...