Wer mit Ungeheuern kämpft, mag zusehn, dass er nicht dabei zum Ungeheuer wird. Und wenn du lange in einen Abgrund blickst, blickt der Abgrund auch in dich hinein.

Dienstag, 22. März 2016

Zwangsstörung, teil #2

...aber dann, ich würde Aufgeben zu ihm sonst. Im ein Wege ich würde nicht haben jemals Gedanken.

[Todo esto lo escribí primero en alemán... Por alguna razón decidí traducirlo al último minuto... Pero dado que es mi espacio me daré la libertad de poner tanto alemán de por medio como se me de la gana]


Pero incluso después de ti, pasaron muchas cosas... 


Hay algo dentro de mí que no quiere estar cerca de él. Se siente como la tentación de pasar los dedos húmedos por un enchufe. ¿Realmente hace tanto daño? ¿Y si no pasa nada? Y leí una vez que te vuelves mejor en matemáticas por seis meses después de recibir una descarga pequeña de voltaje...
Ich hörte auf geben ein fuck über niemandes Bullshit vor langer Zeit - Evito dentro de lo posible a las personas con las que no me siento cómodo. Supongo que esa es la razón por la que estoy tan indefenso, con la guardia baja; No hay nada que podría gustarme de él.

But I surrendered.

No me tomó la mano ni me recitó poemas. No le gusta Bukowski y de seguro no comprende a Borges. No me besó la frente ni delineó mis labios, en cambio, me acorraló contra la pared y me miró a los ojos firmemente mientras me tomaba por la cintura. Y me besó. Se sintió como un puñetazo, como un choque en auto.
Quise golpearlo y mandarlo a la mierda. Y también, es lo que quería hacer cuando me tomó por el cabello y puso mi cara contra la almohada mientras comenzaba a colar sus manos bajo mi ropa.

Pero me rendí.

Pero en cambio, dejé que me tocara. Mi piel se sentía ardiendo, algo me quemaba sobre los huesos. Incluso cuando mi corazón no latía, me sentía agitado y sentía una palpitación falsa presionando mis oídos. Quise correr, pero en cambio, quería que me tocara. Y sus manos eran grandes y bruscas, y su peso caía sobre mí de una manera angustiante y placentera, y sentía que nunca había estado más indefenso, sentía que no quedaba nada de control en mí; Porque incluso cuando quería alejarlo sólo su pecho era más fuerte que mis dedos delgados y frágiles, y todo él parecía demasiado avasallador.
Me trataba como un muñeco. Me sujetó tan fuerte de las caderas que éstas se tiñeron de violeta, de ultramar, de verde vejiga contra blanco zinc y rosa quinacridona. Y sus dedos parecían rojo sangre incluso cuando él es pálido, tan pálido como yo. Y sus dientes rasgaban mi piel, sus dedos se hundían en mi piel como Plutón raptando a Proserpina, y entre tantos pensamientos confusos, teñidos, mezclados como una acuarela en un accidente con un vaso de agua, me pregunté si viendo aquellos fenómenos de la carne logró su genialidad Bernini.
Y había un dolor y un beso. Un beso. Un beso. Había un dolor terrible, había una mancha expandiéndose en mí y ese dolor era almíbar. Y por un momento, no quería que me soltara, no quería que dejara de tocarme como si por un momento, por una sola vez en la existencia de todo este universo yo fuera lo más importante, lo único, el santo grial al que un pobre mortal se aferraba con todas sus fuerzas. No me sentí poderoso, no, pero era como ser sagrado y al mismo tiempo, era ser profanado y ensuciado hasta lo más profundo que alguna vez existiese.

Porque incluso cuando soy capaz de recordarlo todo, cuando sé que existía alguien distinto que quise para mí, me rendí ante él, ante otro.

Y no sé si fue un error... Pero ahora estoy empapado del agua al que me lancé (¿O me resbalé?) en ese momento. Me cala hasta los huesos y...


Y no quiero volver a tener más control de mí.