Los últimos días han sido horriblemente ajetreados. Tuve que aplazar un encargo para poder terminar otro. En la mierda misma.
Dormir poco me hace mal - siempre fue así. Toda la vida (y no vida) he estado acostumbrado a esto, pero no deja de ser horriblemente cansador y duro. He estado durmiendo tan solo un par de horas diarias y a pesar de todo lo que he trabajado, el tiempo no me alcanza. Súmale que los proyectos no siempre le gustan a quien comisiona las obras y se debe partir de 0, botando a la basura todo el esfuerzo de varias noches (y días).
Suspiro largamente. Me corté el cabello y aún no me acostumbro del todo. Suspiro de nuevo. Soy malditamente inseguro. Suspiro, estoy cansado...
En la madrugada pensé -en medio de mi trabajo- que tal vez lo que provocaba más instintos suicidas en mí no eran los momentos de crisis, sino esa calma aparente en donde habitaba un desorden, un caos solapado. Entre medio de todas las estadísticas que tenía guardadas en mi cabeza y gracias al agotamiento, les solté unas a Nate mientras él me miraba con extrañeza.
Él tuvo un amigo que se suicidó ahorcándose - too bad it didn't work for me. Sí sí, Nate, sé que hay maneras más efectivas que otras, no sé cuáles eran las posibilidades de no morir usando tres de ellas. Estudié cada estadística antes de intentarlo, sabía perfectamente que en personas de mi edad (entre 15 y 24 años) las posibilidades de lograr suicidarme eran de 1 en 200. Hombres como yo tenían más posibilidades, también, de lograrlo en el primer intento. El 40% de los suicidios de hombres eran por asfixia, y la edad es inversamente proporcional a la recurrencia del acto. Y tan sólo el 4.2% de las personas que lo intentaban /realmente/ querían morir. Y aún así, fui tan estúpido que luego de haber llorado por todo un día y una noche sin parar, me quedé en absoluto silencio cuando colgué la cuerda y lo intenté.
Me desmayé en unos 10 segundos y mi cerebro estuvo un minuto sin oxígeno, lo suficiente como para que mis neuronas comenzaran a morir. Si me hubiesen encontrado tan sólo dos minutos más tarde, mi daño cerebral habría sido irreversible; un minuto adicional y habría muerto definitivamente. Pero fui estúpido, muy estúpido, lo suficiente como para que un compañero notara el extraño silencio y luego de que yo no contestara, abriera mi puerta de una patada. No fue en absoluto difícil bajar un cuerpo de 47 kilos de mi ahorca improvisada.
No pude comer en dos semanas, mis músculos de la tráquea no querían funcionar. Creyeron que mi carótida no iba a recuperarse en absoluto. Tuve jaquecas inhabilitantes por meses y un feeding tube en mi abdomen que me hizo recuperar 8 kilos, haciéndome subir 2,6 puntos de IMC. Cuando salí de la UTI no me reconocía.
Nunca he podido lidiar con esa humillación. A veces lo pienso en medio de mi vida diaria sin que nada lo provoque - a veces estoy sentado, sonrío al escuchar los bloody fucking hell de Nathaniel y de repente me golpea el hecho de mi intento fallido de morir.
A nadie le importa, Siegfried.
Estás sucio.
...Pero quería que a alguien le importara. Quería que a alguien le interesara, y en mi profundo egoísmo tan típico de mí, quería, en el fondo, que alguien no pudiera vivir con la idea de perderme. Pero la realidad fue la indiferencia de mi padre y la ignorancia de mis pares. La realidad fue ser abrazado tal sólo un par de meses más tarde y condenado a vivir por mucho tiempo más a modo de parásito o lapa.
Quería ser importante. Quería ser querido. Quería ser amado, profundamente...
Pero estás sucio, manchas todo lo que tocas.
Das asco. Causas rechazo.
...Quería suscitar algo en alguien. Y aún con los años que han pasado, nadie sabrá sobre esto y a nadie le importará en absoluto. Supongo que mi intento murió conmigo...
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