Wer mit Ungeheuern kämpft, mag zusehn, dass er nicht dabei zum Ungeheuer wird. Und wenn du lange in einen Abgrund blickst, blickt der Abgrund auch in dich hinein.

Donnerstag, 15. Oktober 2020

Hey God, are you listening? It's me, Siegfried

De nuevo son casi las siete de la mañana y me desperté por sexta vez (más o menos) hoy. Afuera está aclarando y cantan los pájaros en un tono reconociblemente primaveral, como siempre me ha gustado.

Pero, en contraste, tengo un hueco en el estómago, la boca seca y algo apretándome el diafragma. En síntesis,  he despertado toda la noche con ganas de vomitar.

Me recuerda un poco a Demian, cuando los monstruos de Sinclair era tan poderosos que lograban hacerlo sudar frío mientras soñaba que Franz se arrodillaba sobre él, torturándolo. 

Pero qué digo - a mí nadie me está torturando literalmente y no hay un Demian que vaya a salvarme de esto.

Solamente estoy yo y su ausencia. Yo y las palabras. Yo y el torbellino en mi cabeza, las voces que no se callan nunca; las que me repiten frases inconexas y a veces oraciones obsesivas.

He's never coming back. He's never coming back. He's never...

Me restriego los ojos y bostezo. Mi hora con la psiquiatra acabará siendo el lunes que viene. Me cae peor cada sesión y mi estómago (y ahora un incipiente dolor de cabeza) me están matando.

Hoy tengo psicóloga y ni muerto seré capaz de decirle todo lo que siento ahora. De todas formas, trata de explicarle algo de cero a alguien en media hora una vez cada dos semanas.

No sé para dónde voy, sólo sé que tengo muchas palabras atoradas en la garganta. Los sentimientos por él flotan como nenúfares en el agua estancada que es mi cabeza.

Sí, estancada es el término correcto.

Y es que, como un ser humano pseudo normal que quiere dejar de sufrir, obviamente quiero avanzar. Pero sufro más cuando no sé nada de su persona, y sigo sufriendo de igual modo ahora. Porque es como una herida que no cierra, algo gravado en mi piel, una verdadera fractura en mis huesos. Dichos huesos, rotos y dislocados ya, llevan su nombre en su médula. Su nombre y sus recuerdos y sus fotos y sus gustos y su voz y su risa burlesca y por qué no su llanto, que tan pocas veces vi. Llevan toda su esencia y lo que comprende, finalmente, esa forma inequívoca de, quizás, querer mandarme a la mierda y no saber cómo hacerlo porque de alguna forma, en el fondo, me estima un poco. Y si eso no habla de su personalidad, nada lo hará.

En fin, toda esa personalidad y todos los buenos y malos ratos, los llevo conmigo a donde sea. En caso tres años, no he logrado nunca dejar de pensar (y francamente decir en voz alta): ah, esto le gustaba a J.; ah, recuerdo que el padre de J...; cuando estaba con J. una vez... 

Lo llevo conmigo a todos lados. -Te- llevo conmigo a todos lados.

It's exhausting. No sé cuántas veces soñé contigo hoy. Solamente recuerdo que estaba continuamente soñando que quizás me escribías. 

Es un chiste que no consigo escribir nada sin referirme a un tú. 

Ahora recuerdo uno de esos sueños, el más largo: dentro de él, en un momento, yo deseaba mucho una casa a la orilla del mar, y pensaba muchísimo en ti. Era bastante como ahora, en el sentido en que no estabas y tu ausencia la sentía clavándose en mi carne insistentemente. 

La casa estaba vacía, tenía techos altos y muchas ventanas. En un momento (no quiero alargarme), sin embargo, descubría que estaba llena de muebles, que el techo tenía (en parte) vigas nuevas, en fin, que estaba un poco remodelada y que dentro había un montón de cosas necesarias para formar un hogar.

Si mal no recuerdo, me enteraba de lo siguiente por una carta: no te dejarías ver por mí m, no te acercarías a mí. Pero construiríamos una casa para ambos donde alguna vez nos volveríamos a encontrar.

Al intentar volver a mi propia casa, encontraba un camino de objetos, más bien una especie de ruma por la que tenía que trepar. Desde un televisor pequeño (como el que teníamos cuando llegaste a Santiago) hasta cientos de ositos de peluche, todo dejado por ti y que ahora yo tenía que trepar, pero siempre con el sentimiento de que lo dejabas para mí, de que la casa y los muebles y...

Yo no sé interpretar sueños. Déjale eso a F.; pero me quedo con el sentimiento de esperanza y confort que sentí por un vago instante antes de despertar aturdido, perdido y sobre todo triste.  

Ah, el título es como ese libro pésimo. Pero a medio escribir me di cuenta de que creo que no era así el nombre. 

Como una seguidilla de errores, sigo creyendo cosas que no son.